EE.UU.: armas sin discreción

El asesinato de 28 personas –entre ellas 20 niños de cinco a diez años– en una escuela de Connecticut, es un retrato a sangre y fuego de la violencia que anida en el corazón de Estados Unidos. Crisis de familia, drogas, belicismo del Estado, cibernáutica del terror, comercio libre de armas, nutren esa desgracia.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 902 Lecturas
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El criminal de Connecticut, Adam Lanza, de 20 años de edad, había crecido en un hogar desintegrado en que el padre se había separado y alejado. Los psicólogos podrán penetrar en la mente de ese joven que antes de la tragedia mató a su madre, y, después de la masacre, se suicidó.

Tengo para mí que una fuente de la serie de matanzas contra estudiantes que ocurre en la Unión es la ausencia de ideales, el apagón de valores y el culto de la violencia que practica el país que arma invasiones, golpes de Estado y asesinatos políticos.

Desde la tragedia de Columbine, examinada por Michael Moore, ese gran rebelde del periodismo, tragedia en la que murieron 12 niños y un maestro, los disparos contra estudiantes se disparan. En el 2007 ocurrió el crimen mayor, en la universidad Virginia Tech, donde murieron 34 estudiantes.

No hay palabras para reflejar el asombro, la congoja, las lágrimas, de las madres, los padres, los seres cercanos de los que han caído en estas tragedias.

Una pregunta nos sacude: ¿No hay manera de evitar, o por lo menos atenuar esta serie negra?

Un problema es la profusión de armas en Estados Unidos. Cierto, se sustenta esta en un principio fundacional, la segunda enmienda de la Constitución estadounidense, que expresa: “Siendo una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo a tener y portar armas no debe ser restringido”.

Cabe, sin embargo, una respetuosa consideración. Las armas de la época en que se redactó esa enmienda no eran tan mortales como las de hoy.

Aspecto central de la lucha contra las matanzas en Estados Unidos será sin duda el educativo. El capitalismo salvaje, el neoliberalismo brutal, no inculcan valores de vida, de solidaridad, de amor. Alguna vez el pueblo norteamericano comprenderá esta verdad. Hace mucho, John Cheever, el gran narrador norteamericano que penetró en el alma de la clase media de Estados Unidos, planteó una estremecida pregunta: “¿Quién hará sonar la alarma?”.

Los violentistas tienen, entretanto, un arsenal a disposición. Hay 300 millones de armas privadas en un país de 311 millones de personas. El diario británico The Guardian ha precisado que con menos del cinco por ciento de la población mundial, Estados Unidos tiene el 50 por ciento de armas en manos civiles. Eso explica por qué allá muere cada día un promedio de 34 personas, víctimas de armas de fuego. Más de 12,000 fallecidos cada año.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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