Ecuador da la hora

La abrumadora victoria de Rafael Correa en el referéndum sobre la nueva Constitución es un signo de los tiempos: América Latina rechaza en masa el neoliberalismo.

Por Diario La Primera | 30 set 2008 |    

Esto ocurre en el preciso instante en que –contrariamente a los pronósticos de la derecha continental– el Congreso de Estados Unidos rechaza el paquete de rescate del sistema financiero en quiebra, y provoca con eso una caída catastrófica de las bolsas de valores del mundo.

El sí que aprueba la Constitución de Correa demuestra, entre otras cosas, que las campañas de mentiras contra las fuerzas populares ya no surten efecto. Uno de los puntos calumniosos agitó la idea de que Correa quería estatizar hasta el 51% de los medios de comunicación. ¡Uy, qué miedo!

Era una falsedad desvergonzada. Lo que dice la nueva Constitución es que el Estado puede poseer hasta el 51% de las empresas que explotan recursos no renovables. Petróleo y minería, por ejemplo.

Las campañas internas e internacionales contra Correa no engañaron al pueblo ecuatoriano. La reacción oligárquica prohijada por Washington, ha sufrido, pues, una derrota política y moral.

Como la victoria popular en Bolivia, ésta de Correa tiene un significado que va más allá del simple voto.

Hay que destacar, en efecto, el significado económico de estos triunfos. Se afirma el frente de independencia en que se alinean Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Argentina.

En Bolivia, las masas obreras y campesinas se movilizaron antes y después del referéndum, y frustraron los planes contrarrevolucionarios digitados por Washington y los racistas de Santa Cruz.

Los países más sometidos al yugo imperial (México, Colombia, el Perú) pueden ser los más afectados por el tsunami económico que se aproxima.

Los políticos más realistas de Estados Unidos, envueltos en su propia tragedia, deben de estar pensando ahora que es mejor revisar sus planes sobre América Latina, y, entre otras cosas, calibrar la clase de alquilones que tienen en prensa, radio y televisión de nuestra América. Los pueblos no les creen.

Las experiencias electorales recientes en América Latina nos hacen pensar en la situación política peruana. A diferencia de lo ocurrido en Paraguay, Ecuador o Bolivia, no hay acá un movimiento impetuoso y unificado de masas.

Hay impulsos poderosos, pero en muchos casos se disgregan en reclamos regionales, locales y coyunturales.

No remedian esas limitaciones los afanes que tienen, o parecen tener, objetivos puramente electorales.

Para la izquierda sería fatal no ofrecer, en la actual coyuntura de crisis global, una propuesta radical, unificadora, no sectaria, para derrotar a un régimen cuyas armas son el entreguismo, la injusticia, la corrupción, el engaño y la represión.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com