Dos de mayo: un Callao peruano

Se cumplen hoy 142 años del combate del 2 de mayo, en el cual el Perú derrotó el intento español de apoderarse de islas guaneras y, en el fondo, restaurar privilegios coloniales. Esa acción épica fue posible gracias a lo que Jorge Basadre llama, en su Historia de la República del Perú, “el levantamiento popular y nacionalista de 1865”.

| 02 mayo 2008 12:05 AM | Columna del Director | 552 Lecturas
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El recuerdo de la victoria del 2 de mayo de 1866 se empaña ­ahora con la información de que el Ejecutivo tiene listo un decreto que permitiría entregar en administración los puertos peruanos. ¡Hasta por 60 años! A los empresarios chilenos o peruanochilenos se les debe de hacer agua la boca.

El conflicto con España debería hacer pensar a los entreguistas de hoy. La reacción patriótica de 1865 obedeció a la firma del Tratado Vivanco-Pareja, que no satisfacía el honor nacional. Una onda de cólera se expandió por el país y desembocó en guerra civil porque muchos militares compartieron la pasión popular.

La experiencia demostró que el pueblo puede desalojar del poder a un gobierno de defección nacional, y anular en los hechos tratados espurios.

En la coyuntura actual, merece reflexión el informe, divulgado ayer, de que la medida antiperuana preparada por el gobierno se ha decidido en aplicación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

El tiempo, ese maestro venerable, suele arrojar luz sobre ángulos oscuros del pasado. Del TLC en este caso. Ayer expuse, con apoyo de una revelación mexicana, cómo el TLC tiene ­efectos colaterales nefastos. Por ejemplo, pactos para movilizar a las Fuerzas Armadas contra los movimientos sociales.

Ahora descubrimos que el TLC puede servir también para despojar de puertos a un país que no tiene flota mercantil y que depende de naves chilenas para el comercio de cabotaje.

El nuevo atentado antinacional que proyecta Alan García nos recuerda lo que ocurrió en Estados Unidos, a inicios del 2006, cuando el Congreso de ­ese país, en acción colectiva de republicanos y demócratas, rechazó un contrato de Bush que vendía seis de los puertos estadounidenses más importantes a la DP World, empresa de los Emiratos Árabes Unidos.

Los puertos que Bush había vendido eran: Nueva York, Miami, Nueva Jersey, Baltimore, Nueva Orleans y Filadelfia.

Bush amenazó con vetar ­una ley del Congreso que buscaba anular la transacción; pero hasta su más íntimos socios políticos se le opusieron. Al final, la empresa árabe renunció a la propiedad.

O sea que, así en el Perú como en Estados Unidos, los ciudadanos pueden anular negocios con intereses estratégicos de la nación.

Ojalá el Congreso del Perú preste atención a las lecciones del 2 de mayo de 1866 y del Congreso de Washington en el 2006. Los actos de auténtica traición a la patria suelen ser anulados por la voluntad popular.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com