Dos matanzas imperdonables

El 16 de julio se cumplieron 20 años de la matanza de la calle Tarata perpetrada por Sendero Luminoso. Fue un caso de terrorismo típico, en la medida en que asesinaba a inocentes sin armas. Fue asimismo muestra típica de un movimiento que acudía a la violencia y el asesinato en el afán demencial de mostrar poder –para conquistar el poder–. Ni los más tontos, astutos o viscerales defensores del senderismo pueden exculpar de ese crimen a los seguidores de Abimael Guzmán.

| 18 julio 2012 12:07 AM | Columna del Director | 2k Lecturas
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Dos días después de esa matanza, el gobierno de Fujimori perpetró otra masacre, igualmente contra personas inermes, y además inocentes en cuanto al acto criminal de la calle Tarata. Nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de Educación “Guzmán y Valle” fueron secuestrados, asesinados y quemados. La justicia calificó esto como delito por alevosía. Varias versiones indican que, durante un Consejo de Ministros, un militar interrumpió la sesión para afirmar que se había descubierto que el crimen de Tarata había sido perpetrado por estudiantes de La Cantuta. La reacción de Fujimori fue: “¡mátenlos!”.

En todo caso, esa decisión canallesca, ajena a ley, tuvo que provenir de Palacio y contar con la complicidad del general Nicolás Hermoza Ríos, jefe del Ejército, y Vladimiro Montesinos, asesor presidencial.

En la matanza, ejecutada por el Grupo Colina (para el cual Sendero Luminoso reclama amnistía), tuvo responsabilidad también el general Luis Pérez Documet, jefe de la División de Fuerzas Especiales del Ejército, bajo cuyo mando estaba la Base Militar de Acción Cívica instalada en La Cantuta. Pérez Documet es asimismo autor intelectual del asesinato de estudiantes en la Universidad Nacional del Centro, en Huancayo.

Hasta ahora no se ubica los cadáveres de cinco de los alumnos de La Cantuta y del profesor Hugo Muñoz Sánchez, con ellos desaparecido.

Cabe precisar que no se ha probado que alguno de los jóvenes victimados fuera miembro o siquiera simpatizante de Sendero.

Esos dos crímenes son parte de un prontuario de terrorismo aplicado por los bandos de la guerra sucia que condenamos en su momento y en voz alta. En los días de la violencia, el senderismo nos amenazó de muerte en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, lo cual hizo que las autoridades de Letras dispusieran que diera clases en mi domicilio.

El recuerdo de estos hechos debe servir para aleccionar a los ciudadanos, en particular a los más jóvenes, sobre el daño que puede causar la violencia ciega y furiosa, que, por su culto a la muerte, nada tiene de revolucionario. Matar por matar, destruir bienes y vidas, eliminar opositores por el solo hecho de que lo son, no ayudan a cambiar el mundo, y no merecen ni perdón ni olvido. El mejor homenaje a las víctimas de Tarata y La Cantuta es recordarlo y condenarlo.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com