Dos caras del pasado

Este Primero de Mayo, escuchando a Jaime de Althaus en el Canal N, me percaté como nunca de que el pasado tiene dos caras: la de los reaccionarios, que quisieran borrar las conquistas proletarias y los recuerdos de esas conquistas, y la de quienes reivindican el ayer para mejorar el mañana.

| 06 mayo 2008 12:05 AM | Columna del Director | 376 Lecturas
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La voz del empresario, es decir, la de Althaus, se enreda en torpezas sin límites. Dice, por un lado, que los trabajadores del sector formal son una minoría privilegiada, unos oligarcas; pero afirma, por otro, que hay que conceder derechos a los que no los tienen.

¿Cuáles derechos? ¿Los de los “oligarcas”? Es decir, ¿jornada de ocho horas, seguro social, horas extras, vacaciones, compensación por tiempo de servicios?

No, eso no, señala la lógica interna de los Althaus. “El empleo formal es muy caro”, sentencia.

La ofensiva antilaboral lanzada por Alberto Fujimori, proseguida por Alejandro Toledo y continuada por el tercer fujimorismo, el de Alan García, ha implantado el capitalismo salvaje conforme a los dictados del llamado Consenso de Washington.

Esta reflexión surge de un hecho que me es personalmente grato, y que tiene alcance social. Ayer se inauguró en la Casa Museo José Carlos Mariátegui una exposición de los trabajos de dos fundadores del movimiento ­obrero y del sindicalismo en el Perú: Manuel Caracciolo Lévano, mi abuelo, y Delfín Lévano, mi padre.

La muestra presenta manuscritos de puño y letra, así como el volumen La utopía libertaria, publicado por el Fondo Editorial del Congreso y que contiene las obras completas de ambos luchadores. Eso de completas es relativo. La represión de sucesivas dictaduras secuestró e hizo desaparecer numerosos escritos publicados en periódicos y revistas, así como actas sindicales, volantes, testimonios, imágenes.

Hay varios documentos excepcionales en los trabajos de ambos dirigentes obreros. Uno es la conferencia “Qué son los gremios obreros en el Perú y lo que debieran ser”, pronunciada por mi abuelo en la primera conmemoración del Primero de Mayo, por él organizada. El documento es, puede decirse, el primer programa socialista de nuestra historia.

Importantes también son los estatutos de la Federación de Obreros Panaderos “Estrellas del Perú”, que en esos días había decidido convertirse en organización sindical. Allí, en 1905, están enumeradas reivindicaciones que aún hoy ¡horror de los horrores! pueden dañar la digestión de los Al­thaus: “Trabajar y hacer causa común con los demás gremios obreros para obtener: aumento de jornales, descanso dominical, ocho horas de trabajo, supresión del trabajo nocturno, auxilios en los accidentes, invalidez y ancianidad…”

Aspecto descollante en la muestra es el afán de cultura de estos pioneros de la justicia social y la libertad, que vivieron en la valentía y la pobreza extremas.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com