Diálogo sobre el diálogo

Las declaraciones y acciones iniciales del flamante presidente del Consejo de Ministros, Juan Jiménez, indican un cambio en el rumbo gubernamental. La flecha apunta ahora al diálogo.

| 27 julio 2012 12:07 AM | Columna del Director | 1.5k Lecturas
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En su visita a la Confederación General de Trabajadores del Perú (la CGTP), el primer ministro anunció la creación de una Oficina de Diálogo Social, que reemplaza a una comisión burocrática que no se sabe para qué servía, como no sea para formular declaraciones insustanciales después de estallados los conflictos. En este campo lo recomendable es alertar y prevenir. El arte del diálogo comprende el preludio: el análisis previo y las condiciones previas.

De otra manera, la Oficina del Diálogo se puede convertir en la Oficina del Monólogo.

La iniciativa de Jiménez no es el único indicio positivo. Explicó que se va a impulsar la Superintendencia de Seguridad Ciudadana, como parte de la acción contra el crimen organizado. Dijo esto en relación con la defensa de los derechos laborales. Se puede entender que esto se refiere a uno de los sectores más organizados del crimen organizado: las bandas de asesinos que matan militantes y dirigentes de Construcción Civil. Esos manípulos lumpenescos son parte de una organización paralela, auspiciada personalmente por el expresidente Alan García.

Los delitos de esos grupos no sólo dañan el gremio de trabajadores. Atentan, asimismo, contra las empresas privadas que trabajan en el sector más dinámico de la economía nacional.

En el diálogo con la directiva de la CGTP, Mario Huamán, secretario general de esa central, puso el dedo en la llaga al señalar que hay sectores empresariales que atentan contra la libertad sindical. Para ellos, el arma más eficaz contra los sindicatos es el despido inmisericorde. Nuestro diario ha denunciado esos abusos.

Pocos saben que la guerra contra los sindicatos en el Perú es copia de métodos antisindicales de los Estados Unidos, un país donde la tasa de sindicalización es monstruosamente baja: apenas el cinco por ciento de los trabajadores de ese país está afiliado a un sindicato.

En su documentado libro Crisis global, el embajador Oswaldo de Rivero atribuye ese fenómeno a la revolución tecnológica, que determina un vasto fenómeno de desproletarización. Eso es cierto en parte, pero un ensayo notable publicado en Foreign Affairs, la revista estadounidense de relaciones internacionales, señala las acciones coercitivas del empresariado de los Estados Unidos como un factor de la deserción en los sindicatos. Amenazas, despidos, premios a la no sindicalización, contratos con cláusulas antisindicales: todo eso contribuye a mermar la organización sindical.

Conquistas como la jornada de ocho horas están otra vez a la orden del día, junto con los reclamos de libertad sindical y ruptura del estancamiento salarial. Son banderas vibrantes de la CGTP.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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