Día de las madres

En el sentido personal, madre hay una sola. En lo social, podría decirse lo mismo: la madre universal, la madre en abstracto, es también una sola: el mismo dolor y la misma alegría del parto, la misma inquietud por el hijo, el mismo desvelo perenne, la misma sonrisa, la lágrima misma.

| 11 mayo 2008 12:05 AM | Columna del Director | 407 Lecturas
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Dijo un pensador chino: Un padre y un niño son dos seres; una madre y un niño son un solo ser.

He ahí, de una pincelada, el retrato de una mujer sin la cual la especie humana desaparecería, sin cuyo cariño el ser humano sería más duro, sin cuyos sacrificios el destino de cada hombre y de cada mujer se teñiría de sombras.

Si la mujer es la última reserva de ternura de la humanidad, la madre es síntesis de esa ternura.

Sin embargo, con qué crueldad le han pagado la historia y la sociedad esos atributos. El maltrato a las mujeres, incluidas las madres, ha sido una constante. Ese padecimiento atraviesa épocas, culturas, clases.

Pero es evidente que la cruz más pesada la han cargado las mujeres del pueblo. A veces, el maltrato peor lo han sufrido las mujeres proletarias. Flora Tristán, la gran precursora del socialismo y el feminismo, escribió que la mujer trabajadora suele ser víctima de una doble humillación: la proveniente del patrono y la propinada por el marido. Si lo sabría ella, que fue madre abandonada, golpeada y hasta baleada.

Basta salir a una calle de Lima o una plaza de Cusco o Iquitos para percatarse de hasta qué punto muchas madres, demasiadas madres son víctimas del abandono, el maltrato, la pobreza. A cada rato nos conmueven en el Perú esas madres que de alguna manera se ganan la vida vendiendo caramelos, gaseosas, diarios o verduras.

Las mujeres de los comedores populares son un ejemplo de cómo se enfrentan ellas al orden social injusto.

En años recientes, muchas han sufrido el doble padecimiento de la violencia: el de las desapariciones, las cárceles, las torturas, el asesinato de sus hijos, y el desgarro de su propio corazón.

El abuso tiene mil caras, así en la guerra como en la paz. Es la nuestra una sociedad que no respeta a la mujer, así como no respeta al niño y al ser humano.

El Día de la Madre nos recuerda que, a escala planetaria, algo se ha avanzado, en cuanto al respeto a las madres y a la mujer en general; pero que, asimismo, mucho falta por avanzar.

Es el Perú un país donde la mitad de los hogares está a cargo de madres solas, cobardemente abandonadas por el varón. Mientras esa crueldad persista, querrá decir que todavía estamos a medio camino en el esfuerzo civilizatorio.

Pagar la ternura de la madre, de todas las madres, exige acabar con la crueldad, con todas las crueldades. Otro mundo es posible para las madres.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com