Día con huella

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, abrió una era de violencia en Colombia y una página de aleccionadora historia para la América Latina.

| 13 abril 2008 12:04 AM | Columna del Director | 452 Lecturas
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Gaitán era en ese momento un líder querido por el pueblo y el casi seguro vencedor en una elección presidencial en la que enarbolaba banderas de reforma agraria, justicia social, respeto por los derechos de los trabajadores. Era hombre de origen humilde que se había hecho abogado para defender a los pobres.

Nacido en 1903, pertenecía a la generación latinoamericana que simpatizó con Víctor Raúl Haya de la Torre y el aprismo agrarista y antiimperialista. Incluso, en una ocasión en que Haya dio una conferencia en Bogotá, Gaitán lo presentó como “el paladín de los descamisados de América”.

Gaitán no era mero doctrinario; era luchador activo. La primera vez que fue elegido congresista denunció, durante 15 días, los crímenes de la transnacional estadounidense United Fruit, financiadora de dictaduras sanguinarias en Cuba, en Guatemala, en Colombia, etc. Ocurrió a raíz de la matanza de bananeros colombianos en 1928. Fue aquella una masacre horrible, sólo comparable con la de los salitreros de Iquique, Chile, en 1907. En ambos casos, fueron miles los obreros asesinados. Preludio horrendo de lo que después vendría.

No hay en el mundo masacres de proletarios parecidas a ésas. Respecto a la de Colombia, en Vivir para contarla Gabriel García Márquez la ha narrado tal como se la contó mil veces su abuelo:

“(…) el militar leyendo el decreto por el que los peones en huelga eran declarados una partida de malhechores; los tres mil hombres, mujeres y niños inmóviles bajo el sol bárbaro después que el oficial les dio un plazo de cinco minutos para evacuar la plaza; la orden de fuego, el tableteo de las ráfagas de escupitajos incandescentes, la muchedumbre acorralada por el pánico mientras la iban disminuyendo palmo a palmo con las tijeras metódicas e insaciables de la metralla”.

Dos meses antes de su muerte Gaitán había convocado a La Marcha del Silencio. Era en protesta, recuerda Gabo, “por las incontables víctimas de la violencia oficial”.

Fidel Castro, de 21 años, tramaba un Congreso de Estudiantes Latinoamericanos que se estaba improvisando bien. Por eso estaba en Bogotá. Aquel mes, recuerda, “todos los días aparecían noticias de que en tal lugar habían sido asesinados treinta campesinos, en tal otro veinticinco campesinos”. (Arturo Alape, El Bogotazo).

Después de un siglo de guerras civiles, una nueva violencia se había implantado en Colombia, por orden del imperialismo y la oligarquía colombiana. Tras la muerte de Gaitán, la ira destruyó Bogotá y encendió otra guerra.

Los que ordenaron la muerte de Gaitán están allí, en el poder, cosechando la tempestad que sembraron el 9 de abril de 1948.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com