Desacato a Grau

Más de una encuesta ha demostrado que Grau es el personaje más respetado en el Perú. Como el presidente García no cree en las encuestas, el gobierno aprista quiere demostrar que al Almirante lo homenajea pero no lo respeta.

| 06 octubre 2009 12:10 AM | Columna del Director | 494 Lecturas
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Por eso, el ministro de Transportes, Enrique Cornejo –el mismo del faenón de Collique– ha decidido entregar el puerto de Paita este 7 de octubre, en víspera del aniversario del combate de Angamos.

Paita es puerto decisivo para el futuro del comercio exterior de Sudamérica con Asia. Por eso mismo, Chile ha decidido apoderarse de ese puerto clave.

De Paita zarpó, con apenas nueve años de edad, el grumete Miguel Grau Seminario. Su primera salida marinera terminó en naufragio, por lo cual retornó a casa. Su madre no quería que volviera al mar, pero a los once años de edad volvió al oleaje del océano y el mundo.

Alberto Tauro del Pino, ese gran historiador y ensayista que nunca llegó a director de la Biblioteca Nacional porque él sí sabía y, además, era rojo, ha escrito que el Grau niño, durante años “surca mares de Asia, Europa y América en diversos transportes y aun en buques balleneros”.

Después ingresó en la Marina de Guerra, en la cual demostró pericia de marino y coraje de varón. Patriota hasta los huesos, una de sus actitudes enrostra a los vendepatria que en nuestra historia abundan: cuando Mariano Ignacio Prado contrató al contralmirante estadounidense John Tucker para comandar la Armada, Grau protestó y renunció a la Marina. Lo apresaron y estuvo largo tiempo detenido en la isla San Lorenzo.

¿Hubiera soportado Grau que el puerto de Paita fuera entregado, en concesión amañada, al consorcio Terminales Portuarios Euroandinos, fachada de capitales chilenos?

Los portuarios, camioneros, transportistas y maestros que ahora se movilizan contra la entrega de Paita se inscriben en el impulso Grau, en la estela Grau.

El general (r) José Antonio Graham, ex comandante general del Ejército, ha puesto el dedo en la llaga al declarar (página 5) que entidades estratégicas para el país, como los puertos, no pueden ser privatizadas.

El neoliberalismo sostiene que la actividad económica estratégica no existe. Que le pregunten a George W. Bush, que tuvo que anular la concesión de los principales puertos de Estados Unidos a una empresa de los Emiratos Árabes.

Algo sustantivo apunta Graham:

“Antes se consultaba al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, para que se pronuncie si era favorable o no a este tipo de negocios, pero actualmente no lo hacen y esto es sumamente importante, porque en el caso de que suceda algún conflicto bélico se debe identificar plenamente al responsable de la entrega de las zonas estratégicas de nuestro territorio”.

Doctor García: está usted advertido. La historia no lo absolverá.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com