Decisivas (y omitidas)

El diario La República dio a conocer ayer una curiosa encuesta. Curiosa porque la encuestadora no planteó preguntas sobre el caso Conga y sobre lo que pasa en el Valle de los ríos Apurímac y Ene (Vrae).

| 30 abril 2012 12:04 AM | Columna del Director | 3.2k Lecturas
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Esto último es decisivo porque significa narcotráfico, terrorismo, muerte, corrupción de funcionarios y peligro de intromisión extranjera.

Sabido es que la rama más criminal del tráfico ilícito de drogas es la de México. Hay indicios de que los narcos del Vrae tienen lazos con éstos. Eso debe investigarse a fondo. Y denunciarse, si se corrobora. Además, implica un examen de los métodos sanguinarios que esos delincuentes emplean en tierra azteca.

Aspecto grave de la intervención foránea es la presencia de militares de Estados Unidos en nuestra selva. Alguien debe de tener la estadística de los permisos de ingreso para esas fuerzas que se publican a veces cada semana en el diario oficial El Peruano.

Esto encierra un peligro que nuestros gobernantes no parecen tomar en cuenta. Eduardo Subirats, pensador español que enseña en universidades de Europa y Estados Unidos, nos alerta en su libro Violencia y Civilización (Editorial Losada, Madrid, 2006):

“Pero las masas de indígenas desarraigadas y movilizadas por estas guerras llamadas invisibles alimentan a su vez, en Colombia lo mismo que en Centroamérica y México, y en los propios Estados Unidos, los procesos secundarios de las industrias multinacionales instaladas en estas mismas regiones, las llamadas maquilas, como fuerza de producción semiesclava. Esta guerra genocida ha liberado además grandes extensiones territoriales de selva no colonizada, inmensos territorios nunca antes penetrados por el capitalismo, ni en el periodo virreinal, ni en el periodo post-colonial, para megaproyectos industriales financiados por los bancos mundiales, así como para las grandes empresas de extracción petrolera. Y ha generado inmensas riquezas y una nueva clase de auténticos propietarios feudales. Las autoridades militares norteamericanas no han ocultado, por otra parte, que la asociación de la guerra química con la guerra sucia ha aumentado una producción de hoja de coca cuyos beneficios ilegales nutren al mismo tiempo a un tráfico internacional de armas amparado oficialmente.

“El tráfico criminal de drogas alimenta el tráfico semilegal de armas que, a su vez, abre las puertas a la proliferación de la violencia militar, paramilitar, guerrillera y terrorista. Y el círculo se cierra. Pero si las consecuencias de esta violencia son devastadoras para las precarias economías locales y las frágiles comunidades indígenas que la sufren, generan en cambio incalculables beneficios para los sistemas políticos y financieros que las gestionan a escala local o como medio de expansión de las corporaciones globales y la industria militar.”


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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