De junco y capulí

He escrito sobre la intolerancia política en el Perú, pero caigo en cuenta de que hay otros niveles de intolerancia que se deben denunciar. Una prueba es lo ocurrido con dos reinas de belleza: Melissa Paredes, quien tuvo que renunciar a su corona por haber posado en lencería, y Cindy Mejía, acribillada a críticas por haber opinado erróneamente sobre la homosexualidad.

| 10 julio 2012 12:07 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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La bella Melissa fue defenestrada por haber trabajado exhibiendo prendas de lencería. En otras palabras, por haber mostrado una belleza mayor en paños menores.

No veo qué tiene eso de malo o de impuro. Los intolerantes, de fingida castidad, serían capaces de vestir a la Venus de Milo con los atuendos de una tapada limeña.

Lo cual me recuerda que el poeta alemán Heinrich Heine, cuando contempló a la Venus de Milo en el parisiense Museo del Louvre, se arrodilló ante esa estatua desnuda, de belleza eterna. Rubén Darío expresó en un soneto su homenaje ante esa hermosura: “Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, / botón de pensamiento que busca ser la rosa; / se anuncia con un beso que en mis labios se posa / al abrazo imposible de la Venus de Milo”.

“De desnuda que está brilla la estrella”, diría en otro verso el nicaragüense enamorado.

Una vez, en una tertulia camaraderil, una dama preguntó a tres ilustres y serios intelectuales si se fijaban en la ropa que vestían las mujeres. Uno dijo que lo atraían no los vestidos de las damas, sino las damas mismas. Otro explicó que le daban lo mismo el lujo o la modestia de los trajes. El tercero explicó: “Yo soy tan modesto que no me fijo en la ropa de las mujeres. Incluso las prefiero sin ropa”.

Melissa, la Miss Perú Mundo destronada puso el dedo en la herida cuando declaró que a ciertos círculos no les agrada que una chica de origen humilde y rasgos cobrizos represente al Perú. Eso en una época en que se consagran bellezas de todas las razas y todos los colores. Recuerdo en esta ocasión a Doris Gibson, mujer blanca de airosa belleza, quien en Caretas, la revista que fundó con Francisco Igartua, abrió camino a la consagración de bellezas andinas y afroperuanas.

No se puede olvidar que César Vallejo cantó a su “andina y dulce Rita, de junco y capulí”. Plagio a Vallejo, en celebración de la bella Melissa, adorno de Ventanilla.

En materia de belleza femenina, los intolerantes, los racistas no saben lo que se pierden.

Caso distinto es el de Cindy Mejía, Miss Perú Universo, a quien se sataniza por haber opinado sobre la homosexualidad, no sobre los homosexuales, de modo que puede ser erróneo o superficial. El asunto es que esta joven no es sexóloga, ni estudiosa del tema. No es homófoba, lo ha explicado en términos persuasivos. ¿Saben más que ella sus críticos?

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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