De alto vuelo intelectual

Susana Villarán, alcaldesa de Lima, ha tenido el acierto de otorgar la Gran Cruz de la Orden al Mérito Municipal a intelectuales que honran a Lima y el Perú.

| 16 enero 2013 12:01 AM | Columna del Director | 1k Lecturas
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Uno de los galardonados, Estuardo Núñez Hague, es un personaje que el 5 de setiembre cumplió 103 años y que desde sus días de escolar en el Colegio Alemán, con sus condiscípulos Martín Adán y Emilio Adolfo von Westphalen, cultivó la amistad de José Carlos Mariátegui. Don Estuardo es chorrillano de nacimiento y barranquino por adopción.

En junio de 1929, cuando tenía 20 años, publicó en “Nueva Revista Peruana”, creada por Alberto Ureta, Mariano Iberico y Alberto Ulloa, un asombroso análisis de La casa de cartón de Adán. Ahí definió a su generación como una “con un agudísimo sentido de su época y, al mismo tiempo, clasicista”. Generación, definió, “que venera a Cocteau, a Gómez de la Serna, a Montherlant al mismo tiempo que a Goethe, a Schiller y a Lessing. Sentido humanista que la priva de caer en un vanguardismo espasmódico e ignoranticio de individuos sin tradición intelectual. Generación que admira a Marx y se descubre ante Lenin, y, como ninguna otra, con un sentido estético del espacio y del tiempo”.

Toda su vida, el maestro ha sido fiel a ese credo de alta cultura e incansable inquietud social. Lección para actuales y futuras generaciones.

Otro galardonado por el Concejo Provincial es el barranquino Gustavo Gutiérrez, sacerdote que transformó la conciencia religiosa no solo en el Perú. La teología de la liberación, aportada por Gutiérrez, en el marco de una profunda fidelidad a las enseñanzas de Cristo, predicó la opción por los pobres. Esa visión ha resonado más allá de los muros eclesiásticos. A pesar de trabas, ostracismos y condenaciones, ha seguido operando en el corazón de los templos y las sociedades. No en vano en Brasil, el país con más católicos del planeta, la teología de la liberación tiene masiva grey entre fieles y sacerdotes.

María Rostworowski, también galardonada, no es peruana de nacimiento, pero sí por condición civil y por su entrañable amor al Perú, a cuya historia ha consagrado incansables esfuerzos y descubrimientos. Veinticinco libros publicados testimonian la importancia de esta mujer ejemplar.

Hay otro condecorado que rehusó el honor: Armando Villanueva del Campo, líder histórico del Apra. Villanueva es un militante del aprismo que a los 15 años de edad inició una actividad política que le significó cárcel, destierro, persecución. En días recientes se pronunció contra la revocación de la alcaldesa Villarán, pero luego la dirección de su partido se ha pronunciado contra la alcaldesa. Temeroso sin duda de romper la disciplina partidaria, Armando ha rehusado la distinción, pero ha reiterado que apoya a la alcaldesa.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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