Cusco no es la huaca Pucllana

Cusco, capital histórica del Perú, volvió ayer a mostrar su lucidez cívica y su fuerza popular. Incluso turistas extranjeros se sumaron jubilosamente a la caudalosa manifestación cusqueña: en las alturas de Sacsahuamán demostraron, con carteles en diversos idiomas, su apoyo a la defensa del patrimonio de ese centro de irradiación cultural.

| 08 febrero 2008 12:02 AM | Columna del Director | 441 Lecturas
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El paro fue convocado por la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco y el gobierno regional cusqueño. La protesta se levantó contra el intento de privatizar áreas adyacentes a monumentos históricos, que son patrimonio de la humanidad.

Como se sabe, dos son las leyes atentatorias, emanadas de un sentido antihistórico y antinacional. Una de ellas, la 29164, ha sido derogada por el Congreso que la aprobó, pero existe el peligro de que una segunda votación la restablezca. Ese dispositivo ostenta un título que pretende ser engañoso: Ley de Promoción del Desarrollo Sostenible de Servicio Turístico en los Bienes Inmuebles, Integrantes del Patrimonio Cultural de la Nación.

La intención de aplicar, so capa de remodelación, una política de tierra arrasada contra casonas y edificios que son joyas de nuestra historia, y que otorgan personalidad a la capital imperial, ha sufrido una primera derrota.

El pueblo del Cusco ha demostrado que sus capas más profundas, que luchan por cambios sociales, respetan y defienden lo mejor de su pasado.

Los cusqueños y los turistas han salido a las calles de la vieja urbe a defender esa herencia que exaltaron peruanos inolvidables como José Uriel García y Raúl Porras Barrenechea.

El peligro que se cierne es que, conforme a la doctrina del perro del hortelano, el centro del Cusco se convierta en una ciudad “moderna” cualquiera, una ciudad de cuarta o quinta categoría, en la que intervengan abundantes inversiones extranjeras. El sueño de los gobernantes actuales debe de ser que participen capitalistas chilenos, que han comprado ya tierras del Valle Sagrado de los Incas, allí donde se produce el maíz más grande, más suntuoso y más exquisito del mundo.

Jaime de Althaus puso anoche como ejemplo de lo que se puede hacer en Cusco a la huaca Pucllana, de Miraflores. Risible. En primer lugar, esa huaca está situada en un lugar cien por ciento urbano. En segundo lugar, hay allí un excelente restaurante, pero los comensales no acuden para admirar la reliquia antigua.

Y, por encima de todo, Cusco no es la huaca Pucllana.

Deberíamos tomar el ejemplo de países latinoamericanos que rechazan obras desfiguradoras. La restauración de La Habana vieja, en Cuba, o la conservación amorosa de Cartagena de Indias, en Colombia que no por azar Gabriel García Máquez ha escogido para su residencia, son ejemplo de que preservar la antigüedad termina por ser también un buen negocio.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com