Cura sin remedio

El cardenal Juan Luis Cipriani no oculta su desdén por los derechos humanos. No se percata, quizás, que con su dogmatismo de mílite del Opus Dei causa daño grave a la Iglesia Católica (bajo su égida se ha acelerado la deserción de fieles de ésta).

Por Diario La Primera | 02 set 2008 |    

Éste es el prelado que guardó silencio sepulcral en los días en que era obispo de Ayacucho, cuando las violaciones de los derechos humanos eran horrendas y cotidianas. No sólo eso: rechazaba a los familiares de las víctimas de matanzas, torturas y desapariciones. Incurría así en complicidad nada cristiana con esos crímenes.

Su última incursión en este campo revela el sello fascista de su formación, que no es precisamente teológica. Su alineamiento con la barbarie represiva fue reafirmado el domingo último, en su homilía en honor de Santa Rosa de Lima.

Sin el menor respeto por la Santa, Cipriani afirmó que los derechos humanos son demasiado importantes para que queden “en manos de un pequeño grupo ideológico”. Asumía así la defensa del grupo represivo del cual forman parte Alberto Fujimori, el Grupo Colina y otros asesinos, a los cuales no se debe tocar, según Cipriani, ni con la levedad de una hostia.

En sus días de basquetbolista, Cipriani era conocido por su mala lengua, lo cual le valió un apodo que no mencionamos por respeto a nuestros lectores. Pero lo de ahora no es sólo una manifestación personal. Cipriani debería recordar su jerarquía en el clero católico.

El ataque verbal se dirige, en general, contra las organizaciones defensoras de los derechos humanos. Su blanco principal es la ex Comisión de la Verdad y Reconciliación.

¿Por qué actúa así el cardenal? Porque busca enterrar el pasado de abusos y crímenes cometidos por la fuerza pública no sólo contra senderistas u opositores pacíficos, sino también contra la población ajena a la subversión.

Los restos descubiertos en Putis, donde, por el tamaño de las prendas, se sabe que los militares no vacilaron en matar niños, no le han arrancado ninguna lágrima.

¿Por qué, si no quiere que la defensa de los derechos humanos quede a cargo de pequeños grupos ideológicos, no exige Cipriani castigo ejemplar para los criminales de Putis? Felizmente, no todos los prelados se identifican con los grupos ideológicos de la extrema derecha.

Cipriani, como el presidente Alan García, como el ministro de Defensa, Ántero Flores Aráoz, aparenta salir en defensa de las fuerzas armadas y policiales. En realidad, aboga por los que deshonraron el uniforme. No se puede, no se debe, considerar que todos los militares son iguales a Martin Rivas.

Defender a asesinos es abogar por la inmunidad. Algo más: quienes quieren pasar la esponja sobre los crímenes de ayer demuestran estar dispuestos a autorizar nuevos crímenes, y a guardar silencio sobre ellos.

Referencia
Cura sin remedio

    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com