Culpas del Apra en Pronaa

El envenenamiento que causó la muerte de tres niños en Redondo, pueblo de Cajamarca, fue aprovechado por la oposición derechista para intentar traerse abajo a la ministra Aída García Naranjo. Ella se ha defendido con armas limpias, las de su inocencia.

| 09 octubre 2011 12:10 AM | Columna del Director | 2.6k Lecturas
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Lo que ha quedado claro en el debate parlamentario es que los alimentos de Pronaa no estaban contaminados, como lo demuestran los exámenes forenses y toxicológicos. Éstos han comprobado asimismo que una de las ollas en que se preparó la comida tenía restos de insecticida.

Mauricio Mulder, líder del Apra, asegura, sin embargo, que la ministra tiene responsabilidad política “por no prever el hecho”. Le reprocha, en otras palabras, el no tener virtudes de pitonisa.

Yo creo que sí hay algo que reprochar a la ministra: el haber dejado intacto el aparato aprista, que a lo largo de años se ha apoderado de Pronaa en todo el territorio. Soy testigo de que ingenieros honestos y competentes, que eran dirigentes sindicales en Pronaa y fueron despedidos en masa por denunciar enjuagues y negociados, hace dos meses pidieron audiencia a la ministra, no para solicitar cargos, sino para advertir de peligros e inmoralidades. (El entorno de García Naranjo no ha atendido la solicitud).

Esas personas, que conocen mecanismos y funcionarios, han recibido denuncias de que en Pucallpa están entregando pan con fecha vencida y adulterada. Ahí, la jefa zonal es aprista y el 80 por ciento del personal, también. Les han informado que en Chimbote hay un lote de arroz con presencia de hongos. La responsable del control de calidad es aprista y el jefe de personal, también. No faltaba más.

En esta columna denuncié hace años que el Apra había despedido del Pronaa a todo el personal que tenía la responsabilidad de dirigir y vigilar el control de calidad y de almacén de los alimentos. Todos los problemas que ahora aparecen en la televisión y los diarios son consecuencia de que, tras deshacerse de los técnicos, que eran a la vez dirigentes sindicales, Pronaa contrató apristas corruptos, ineptos y sin experiencia. Estos saben de compras excesivas, de inventarios de aceite en que se cuentan las cajas, no las botellas, etcétera, etcétera.

Una de las virtudes de los especialistas despedidos consistió en elaborar instrucciones sobre procedimientos y especificaciones técnicas para evitar tragedias como la ocurrida en Redondo. Eso no se aplica ahora. Realizaban igualmente capacitaciones para el personal a nivel nacional dos veces por año. Uno de los temas que abordaban estos ciclos era precisamente el peligro de insecticidas y pesticidas. Esos técnicos elaboraban propuestas de folletos y manuales –sus funciones estaban limitadas a ese nivel: el de las propuestas– para la manipulación y la preparación de los alimentos.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com