Cuestión de vida o muerte

Los mineros peruanos deberán marcar el último fin de semana no con una, sino con muchas piedras negras. Una cadena de muertes los enluta. El sábado quedaron sepultados cinco obreros de la mina El Carmen, en HuarochirÑ Otro pereció el sábado por un derrumbe en la mina Volcan de Cerro. Tres más murieron asfixiados el domingo en la mina Raura de Oyón.

| 10 febrero 2009 12:02 AM | Columna del Director | 584 Lecturas
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No son simples accidentes, no son muertes simples. Todas denuncian irresponsabilidad de empresarios y complicidad de autoridades de Trabajo.

En el caso de las cinco muertes de El Carmen, la culpa está probada. En primer lugar, porque la dirección técnica ordenó un dinamitazo en la parte superior, sin tomar en cuenta que en la parte inferior, a 90 metros de la superficie, estaban trabajando los cinco que, por esa torpeza, murieron aplastados por rocas y maderas.

Los dirigentes sindicales habían advertido a la empresa y a los funcionarios de Trabajo sobre el peligro de esas operaciones, y reclamado las medidas de seguridad correspondientes, que incluyen equipo y vestuario adecuados.

Es una historia que se repite, y no sólo en el sector minero. La Federación de Trabajadores en Construcción Civil padece una alta cuota de víctimas por falta de seguridad. La CGTP, cumpliendo con su deber sindical, ha denunciado una y otra vez la desprotección industrial en el país.

La minería, que durante años ha gozado de ganancias exorbitantes, no parece preocuparse por la vida de su personal.

El neoliberalismo empresarial y gubernamental es culpable de la marcha fúnebre que hoy entristece a los mineros y a los deudos de los caídos a consecuencia de derrumbes subterráneos, y, adicionalmente, como ocurrió en Oyón, por la inhalación de gases tóxicos.

La tragedia de Oyón se parece a la de Huarochirí: las tres víctimas murieron allí a causa de una volcadura de rocas en un socavón. Pero la dinamita no es la culpable, sino la imprevisión criminal.

Aparte de las protestas y las denuncias, es tiempo de que las organizaciones sindicales coloquen en la orden del día un punto vital: la seguridad en los centros de trabajo.

Para el sector minero existen consideraciones particulares de la Organización Internacional del Trabajo. Hay que reclamar que se acaten, una por una y de inmediato. Puesto que es una cuestión de vida o muerte.

Hace cien años, el tema de la seguridad en el trabajo tocó por primera vez las puertas del Congreso de la República. Las pensiones por accidentes y por invalidez encendieron debates parlamentarios.

Ahora, en los días de la crisis económica planetaria, ese es un tema -como la jornada de ocho horas y la ola de despidos- que merece la atención no sólo de los sindicatos. Frente a la arremetida de la irresponsabilidad social, esos son puntos que deben figurar en la agenda de los demócratas.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com