Cuando poesía no dice nada

Se multiplican en estos tiempos libros y antologías de poesía que revelan una falta de respeto al arte de Vallejo y Neruda. Asombra la falta de cultura y de gramática que revelan, así como su pobreza temática, limitada casi siempre a lo más cotidiano y sin vuelo. La hondura del ser y del estar brillan por su ausencia.

| 03 marzo 2013 12:03 AM | Columna del Director | 936 Lecturas
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No voy a citar nombres, porque no es mi afán herir personas, sino señalar defectos, buscando elevar el nivel de la poesía, en un país donde la cultura, incluida la literaria, es la cenicienta de la educación. Profesores, comentaristas, editores contribuyen a la crisis.

En una antología de poetas jóvenes leo: “atravezaré (sic) la delgada línea / entre el morir y vivir”. En el mismo poema, el autor se queja de “contusiones que espectoran (sic) sangre”.

En el mismo volumen escribe otro autor: “Hasta para largarse hay que hacer colas / y hay que pagar y hay que esperar / colas de gente para entrar y pagar dólares y soles”. Etcétera. Un descriptivismo diminuto.

Un caballero maduro en años condena, en otro volumen, sin atenuantes el poema de Pablo Neruda “Alturas de Machu Picchu”. “Es el poema ‘más conocido’ sobre este tema”, escribe, “‘gracias’ a la buena promoción de los propios chilenos y a la alienación y traición de algunos peruanos”.

Me incluyo, como miles de peruanos, entre esos “traidores” vituperados por el autor. La única excusa para ese exceso es que el escribidor presenta un poema a Machu Picchu escrito por su señor padre. Ejemplo del texto exaltado por dicho autor: “¡SUDANDO POR TODOS MIS POROS, / COMO TUS PIEDRAS, CUSCO, YO TE CANTO!”.

Al final, el autor consagra a su padre como “el Poeta Mayor de Ayacucho y del Perú”. Vallejo, Eguren, Martín Adán, Alejandro Romualdo Valle, Gonzalo Rose le quedan chicos.

En otro texto, se presenta a los poetas peruanos del siglo XX. Vallejo, Eguren, Martín Adán, Eielson, Valle, Rose son meticulosamente excluidos. El antologista aparece, eso sí, en la selección.

Es verdad, por otra parte, que en todas partes se cuecen habas. Hans Magnus Enzensberger, el poeta más notable de la Alemania de hoy, incluye en su libro Zigzag el ensayo “Noticias de las actividades líricas”. Dice allí:

“Hay autores que no se sienten a gusto ni en el jardín de infancia… Pero lamentablemente su huida de los pensamientos profundos desemboca a menudo en el pánico. Y entonces puede ocurrir que vayan cayendo de una estupidez en otra para aterrizar en otro estereotipo: ‘sabes dice roberto de hecho me va bien / pero una vuelta a la manzana me deja sin aliento / pero estar sentado aquí tan sólo me mata / la revolución no es principio del gran / movimiento dice Roberto y de nuevo se pone en marcha / sino el punto final’. Desde luego, a esta poesía no se la puede acusar de elitista. Se trata de una escritura automática producida por constante ingestión de cerveza”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com