Crónica de una muerte prematura

Crecen las alarmas sobre la muerte próxima del periodismo escrito, victimado por ediciones electrónicas a menudo creadas por aficionados, no por periodistas profesionales.

| 29 noviembre 2011 12:11 AM | Columna del Director | 2.6k Lecturas
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El diario bonaerense La Nación publicó en su suplemento cultural del 21 de octubre de este año un extenso informe al respecto, escrito por Leonardo Tarifeño. Se precisa ahí que en los últimos diez años han desaparecido en Estados Unidos 130 diarios. El gigantesco Jornal do Brasil, fundado en 1891 en Río de Janeiro, ya no se edita en papel. El Evening Standard, uno de los símbolos del periodismo inglés, se reparte ahora gratis en las calles de Londres. Supongo que se sostiene con los avisos.

“El Foro Mundial de Editores de Prensa”, expone Tarifeño, “pronostica que en los próximos cinco años las ventas de los diarios sufrirán un descenso del 50% y que más de la mitad de los lectores consumirá los contenidos a través de las ediciones on line”.

¿Es inevitable tal derrumbe?

Depende. Si los diarios y revistas siguen dedicándose a breves cápsulas informativas sobre episodios y personajes triviales; si evitan la verdad de fondo y la aguda interpretación; si continúan siendo la caja de resonancia (y de sobonería) del poder del dinero y la política, su muerte puede ser lenta, pero segura.

Hace 65 años, Federico More saludó en su semanario Cascabel el nombramiento de César Miró como director de Radio Nacional. En algún lugar de mi archivo tengo el recorte de ese texto premonitorio. More escribía ahí que la radio podía arrebatar terreno a la prensa escrita, en cuanto era capaz de inmediatez fulminante. A la prensa quedaba, sin embargo, un coto cerrado: la interpretación, el análisis, la investigada información, el lujo de la palabra.

La muerte anunciada puede ser, aparte de prematura, evitada. Lo dicen las tiradas millonarias de los diarios japoneses y de algunos de Alemania y la Europa nórdica.

Tarifeño cita otro caso notable:

“Las teorías apocalípticas sobre el porvenir de las publicaciones en papel chocan con el insólito éxito de la revista alemana Die Zeit, que desde 2004 aumentó su circulación en un 60% y que en 2009 alcanzó los picos de venta más altos de su historia. El secreto de Die Zeit parece residir en una identidad firme, donde los artículos largos, documentados y complejos se yerguen como la contracara de la información no siempre contrastada que sobrevuela en los blogs y redes sociales. El monopolio de la información ya no es propiedad de los periodistas, pero el poder de la interpretación y el análisis inherente a cualquier proyecto editorial serio no es tal sin la experiencia y la preparación de los reporteros especializados”.

Tarifeño exalta alternativas testimoniales, entrañables, como la practicada por Gabriela Wiener, hija de nuestro compañero Raúl.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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