Costal de nervios

El doctor Alan García está nervioso. El lunes se negó a acudir ante la Justicia por el caso de los petroaudios. En la mañana de ese día había leído en LA PRIMERA las declaraciones de Alberto Químper, quien señaló que García se había vuelto rico con operaciones corruptas como la que facultó la exportación de gas de Camisea reservado para el consumo interno.

| 24 agosto 2011 12:08 AM | Columna del Director | 2.8k Lecturas
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Esta frase de Químper debe de haberlo incomodado: “El contrato para exportar (el gas) requería tres firmas y solo había dos: la de Perupetro, la de Camisea y faltaba la del Estado. García puso la firma del Estado”.

¡Bingo! Esa firma valía cientos de millones de dólares para el Consorcio de Camisea. ¿Cuánto pagó por la rúbrica? He ahí un enigma digno de investigación.

Químper confirma que García se hizo rico en el poder. Asegura que el expresidente no estuvo comprometido en el negociado del petróleo pactado con el empresario dominicano Fortunato Canaán, porque ese faenón se frustró. El trato era usufructuar de una concesión petrolera; pero se frustró precisamente por el escándalo público de los petroaudios.

Químper ratifica que Alan García estaba enterado de todo, porque tenía interés en las ganancias.

El jefe aprista tenía interés, además, en beneficiarse con la construcción de cárceles y hospitales programada por Canaán.

García, enfermo de codicia, insaciable dólaradicto, puso gran empeño en la asociación con Canaán. Por eso hizo nombrar ministro de Salud a Hernán Garrido Lecca. Por eso mismo encomendó a su entorno más cercano –Carlos Vallejos, Mirtha Cunza, su secretaria, Luis Nava, secretario de Palacio– que se entrevistaran con Canaán en la suite que éste tenía en el Country Club.

Corrobora Químper que los petroaudios del caso Business Track desaparecidos son aquellos en que se escuchaban las voces de Del Castillo, de Hernán Garrido Lecca y de Luis Alva Castro. Todo indica, como lo asevera Químper, que las grabaciones ausentes fueron sustraídas en la Dirección Antidrogas, sin duda por orden de García.

En las declaraciones de Químper hay un segmento revelador. Dice él que a Jorge del Castillo lo que más le interesaba era la ayuda que Canaán podía prestarle en su ambición de alcanzar la presidencia de la República. Más de una vez hemos afirmado en esta columna que en ese loco afán presidencial Del Castillo había montado una bien aceitada maquinaria mediática.

He ahí otra investigación pendiente, que incide en el ámbito de la ética periodística.

Respecto a la corrupción política, la Justicia tiene un grave déficit en el Perú. Por algo –por la conciencia sucia– el Apra se apoderó de gran parte del aparato judicial.

Toca al Congreso de la República cubrir parte de ese vacío.

García es ahora un costal de nervios (y de dólares). No puede aspirar a la paz de las rectas conciencias.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com