Corrupción: el otro sismo

La tragedia de Ica, Pisco y Chincha tiene dos componentes: la ruina que hace tres años causó un sismo y la catástrofe política, social y moral originada por la ineptitud y la corrupción del régimen aprista, frente a esa tragedia.

Por Diario La Primera | 11 ago 2010 |    

Nuestro diario ha informado que en esa región aún hay 40 mil familias que viven bajo esteras y carpas, en una época de horrible enfriamiento, que azota con 3.6 grados la geografía iqueña.

Al mismo tiempo, en el Congreso se denuncia, y no sólo lo hace la oposición, la falta de atención gubernamental, así como la ausencia de claridad en el manejo de los fondos destinados al auxilio de las víctimas del terremoto.

Hay un factor delictivo en esa desatención: no se rinde cuenta cabal del destino de ayudas llegadas del exterior y, en el caso de distribuirse ayuda económica, se ha recurrido a empadronamientos farsescos, guiados sin duda por el sectarismo partidario: el carné aprista es la mejor prueba de la necesidad. Los demás, que revienten.

El régimen se desgañita pregonando obras en Ica, en particular de un hospital supuestamente modelo. Como persista el desamparo actual, la mala salud de los iqueños, en especial de los niños, va a necesitar varios hospitales más.

Cuando ocurrió el sismo de 2007 recordé en esta columna que Ica era festejada por los paniaguados del neoliberalismo como un ejemplo de desarrollo, progreso y empleo pleno; pero que en el momento de la tragedia no contaba con un solo hospital digno de ese nombre. El sismo mostró el rostro real de una política que cree que la inversión y la producción para exportar excusan de crear sistemas de prevención y seguridad social.

Sabemos, al respecto, que el Grupo Brescia, uno de los más poderosos del país, tiene un proyecto ambicioso de viviendas para Ica. De eso nos enteramos por azar hace un par de años, y en meses recientes supimos sin querer, en un diálogo casual con Pedro Brescia y Luis Gonzales Posada, en la embajada de Italia, que todo el plan se enfrenta a demoras burocráticas. Ese es un caso en que la inversión privada debería recibir estímulo y celeridad, así como fiscalización adecuada.

¿No será que algunos funcionarios están en pos de una tajada?

El fracaso del régimen en el enfrentamiento de la tragedia iqueña tuvo un preludio el día mismo del terremoto. Tres horas después del sismo, en un mensaje a todo el país, el hombre de los discursos, Alan García, dijo por televisión: “Debemos dar gracias a Dios porque no se haya producido una mortandad” y descartó que se hubiera producido una gran catástrofe.

Ahora sabemos que para Ica la catástrofe es él. Lo saben sobre todo los iqueños que alistan un paro de protesta.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com