Conflicto a tajo abierto

Cuatro conflictos de origen minero alteran el país. El más grave es el que se refiere al proyecto Conga, que se propone una inversión de 4.800 millones de dólares.

| 11 noviembre 2011 12:11 AM | Columna del Director | 3k Lecturas
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La crisis social desatada se debe en el fondo a que anteriores regímenes políticos fueron demasiado concesivos, y aceptaron estudios de impacto ambiental patrocinados por la propia empresa.

Factor decisivo para tal complacencia fue sin duda Roque Benavides, muy cercano al Apra desde sus días de estudiante en la Universidad Católica y que es ahora presidente de Minas Buenaventura, dueña de Conga, en sociedad con Newmont Mining e International Finance Corporation.

Esa benevolencia ha resultado una bomba de tiempo. Por lo pronto, ha suscitado el rechazo de la población, que teme que la explotación minera prevista atente contra el abastecimiento de agua, tanto para el consumo humano directo como para el riego agrícola.

La experiencia de los cajamarquinos es contundente. Debido a la explotación minera de Yanacocha cada habitante de Cajamarca, otrora rica en agua, consume hoy apenas 50 litros de agua por día. Cada habitante de Lima consume 150 litros diarios.

En el temor del pueblo no hay, pues, sólo un ingrediente cultural, un temor ancestral. Hay un pavor presente. El agricultor cajamarquino debe de preguntarse, además, ¿qué me ha dado la minería para mejorar mi vida? Y ahora, de remate, me quiere quitar el agua para mi chacra.

El quid de la cuestión en Cajamarca es que el proyecto Conga va a operar en una cabecera de cuenca. Los pobladores precisan que no se oponen, en general, a la minería, sino a la explotación contaminante en esas alturas en las que nacen sus fuentes de agua.

La empresa, con el bombo auxiliar de los medios a su servicio, promete trasvasar agua de cuatro lagunas naturales a cuatro reservorios, que, afirma, proporcionaría más agua que la ahora disponible. Una pregunta sale al paso: ¿qué ocurre si el calentamiento global reduce las precipitaciones pluviales que nutren a las lagunas?

Por esa y otras razones, lo racional es emprender un estudio riguroso e independiente del impacto ambiental. Eso ha prometido, con buen juicio, el ministro del Medio Ambiente, Ricardo Giesecke.

Conflictos semejantes son los que procesan en Andahuaylas (Apurímac) y en áreas de Ancash.

Notable y plausible es que los conflictos mineros se estén ventilando por medios ordenados y, en general, pacíficos, con la excepción de lo ocurrido en Andahuaylas. A estas alturas, la violencia sólo puede hacer el juego a los grandes mineros y a la reacción, ansiosa de represión contra el pueblo.

Por otra parte, es hora de que la gran minería asuma de veras el sentido de responsabilidad social.

El diálogo implantado por el gobierno debe servir para atender clamores justos de los de abajo.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com