Colores de la Ciudad Blanca

La Municipalidad de Lima ha tenido el acierto de celebrar el 472 aniversario de Arequipa con una exposición de cuadros y acuarelas de Teodoro Núñez Ureta, el pintor máximo de Arequipa; el centenario de cuyo nacimiento se celebra este año. La maestría del color, la precisión del dibujo, del paisaje, del panorama social, de la pasión de rebeldía: toda Arequipa está ahí, su gente, sus señores y sus pobres, su canción y su fiesta, sus manjares.

Por Diario La Primera | 16 ago 2012 |    

He anotado más de una vez que este artista fue también un luchador social, y no en la soledad o la cháchara de los cafés. Artista e intelectual precoz, a los 20 años de edad fue deportado a Chile por la dictadura fascista de Luis M. Sánchez Cerro. Acababa de graduarse de bachiller en la Universidad de San Agustín, de Arequipa. Poco después se graduó como bachiller en Filosofía y Letras. También terminó Derecho, pero nunca ejerció.

En la insurrección popular de Arequipa en 1950, comandó la milicia civil que, con unas pocas armas, bombas molotov, adoquines y movilización multitudinaria, derrotó al Ejército. Javier de Belaunde, que participó en esa revolución, testimonia cómo el pintor preparaba, fusil al hombro, los grupos de choque. “Tuvo”, ha escrito, “una actividad muy intensa y muy valiente, desde luego, porque las balas silbaban; era una jornada muy fuerte”.

En San Agustín fue profesor de Historia del Arte y de Estética. Durante su larga residencia en Lima llegó a ser director de la Escuela de Bellas Artes. Su paso como profesor en ésta dejó una estela de recuerdos y alumnos memorables.

Ejerció la crónica y el ensayo en diarios y revistas de Lima y Arequipa. En El Provinciano, texto de una conferencia que dio en marzo de 1958 en la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, se muestran los rasgos de su prosa honda y artística. He aquí un párrafo ejemplar:

“Sabemos el dibujo del agua cuando avanza sobre el suelo reseco, el modo con que los árboles equilibran la horizontal del mundo, el bullicio de las hojas en el palpitante silencio azul del cielo, el lento caminar de las nubes orgullosas, la cordialidad de la luz, cuando las sombras vencidas se le abandonan en la carne del muro, junto a las tapias, bajo las hojas anchas, temblando sobre la piel cansada de los árboles viejos”.

Fue, asimismo, poeta notable. Alguna vez, en una entrevista periodística, me leyó un largo poema, dicho con vigor e inflexiones, con vibración —lejos de esos sermones políticos monocordes, fríos. Le pedí grabar esos versos. Me dijo que esperaba reunirlos en un volumen.

La idea de exhibir su obra pictórica en la galería Pancho Fierro es un acierto. Es también un reto para el municipio de la Ciudad Blanca. Bueno, sería que allí se les ocurriera editar los textos de Núñez Ureta consagrados a Arequipa, y un volumen de su poesía.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com