Coartada de García

Alan García ha pedido que la Defensoría del Pueblo lo ampare, puesto que, según él, las investigaciones de la Megacomisión vulneran su derecho al debido proceso.

| 23 abril 2013 12:04 AM | Columna del Director | 940 Lecturas
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Con este pedido, el expresidente confirma que tiembla de nervios ante la verdad demostrada de que la Comisión de Gracias Presidenciales que él nombró bajo la presidencia del aprista Facundo Chinguel, fue correa de transmisión para el acarreo de dólares malhabidos.

A cada paso surgen revelaciones sobre la pobredumbre de esa Comisión, que informaba directamente a García y le pedía indultos y conmutación de penas a narcotraficantes de alto vuelo y delincuentes de los bajos fondos. García ha declarado que estudiaba cada solicitud y decidía con la ayuda de Dios. Debería indicarnos cómo hace para comunicarse con el Supremo Hacedor, a quien, sin decirlo, señala como cómplice.

En lugar de hacerse la víctima, el jefe aprista debería demostrar, con pruebas, que no conocía el jugoso y asqueroso negocio de indultos y conmutaciones. ¿Nunca averiguó sobre las denuncias de cobros millonarios a los narcos presos y condenados? ¿No preguntó siquiera cuánto hay y cómo es? Él, que es tan entusiasta del dinero, ¿nunca dijo “y dónde está la mía”?

Ahora mismo, en lugar de exigir que se esclarezcan las acusaciones contra sus compañeros de partido, a fin de salvar el honor partidario, busca una coartada: la queja sobre sus derechos personales. No defiende al Apra; se defiende a sí mismo.

Este gesto revela miedo y desesperación. En lugar de afrontar y desmentir –si puede– las acusaciones sobre la mafia defensora de narcos y delincuentes, se quiere refugiar en un desvío.

Es probable que el exmandatario esté preocupado no solo por la condenación plural que ha recibido el grupo aprista de los indultos y conmutaciones, sino también por el efecto internacional que pueden tener las denuncias sobre la tarifada benevolencia respecto a narcos.

La revelación más reciente proviene de Carmen Guadalupe Delgado, informante de la DEA y de la inteligencia inglesa. Ella había colaborado en el descubrimiento del tráfico de armas destinadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y en casos importantes de narcotráfico; pero estaba presa por estafa.

Ella precisa que en marzo de 2010 dirigió a García una carta de cuatro páginas en la que acusaba a Chinguel de haberle pedido cinco mil dólares para rebajarle la carcelería. El caso llegó a la Fiscalía de la Nación, la cual archivó el caso “por falta de pruebas”.

El escándalo ha alcanzado una dimensión política, por la cercanía de Chinguel con García y por el hecho de que todos los comprometidos son gente del pañuelo blanco (y la conciencia negra).

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com