Ciro en el grado cero

El descubrimiento de los restos de Ciro Castillo-Rojo no ha sosegado los titulares de la prensa amarilla, ni el ánimo de los padres del joven estudiante.

| 26 octubre 2011 12:10 AM | Columna del Director | 2.3k Lecturas
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Mucho del drama suscitado por el caso ha provenido del escándalo mediático. Ciertas hojas se empeñaron en alentar sospechas respecto a Rosario Ponce, la amiga del desaparecido que lo había acompañado en excursión al cañón del Colca.

El padre de Ciro, con exaltación comprensible, quiso atribuir a asesinato la muerte probable de su vástago. No tenía ninguna prueba. Solo le alentaban el dolor, la cólera, la sospecha. Su exceso era pasión de padre, hijo del amor.

Ahora, los restos han sido encontrados y recuperados. Toca a la ciencia forense determinar la causa de la muerte. A ese dictamen hay que someterse.

Entretanto, la joven Rosario Ponce ha estado sometida a un bombardeo de acusaciones, a una tortura psicológica sin tregua y sin razón, que hicieron nacer odios e insultos contra ella. Un poco más, y cae victimada por turbas que la prensa chicha alentó. Admira que, pese a todo, la estudiante haya conservado la serenidad, que para muchos significaba sangre fría.

De todo esto queda una lección para el periodismo. No se deben lanzar o acoger acusaciones temerarias, que carecen de pruebas y que en este caso provenían, visiblemente, de una herida humana, demasiado humana, paternal.

El caso recuerda, el revés, el del médico padre de uno de los “potrillos” del Alianza Lima, que en 1987 desaparecieron en un avión Fokker de la Marina de Guerra del Perú que volaba sobre las playas de Ventanilla. El caballero juraba que su hijo estaba con vida, en algún lugar remoto. Era conmovedora esperanza. De aquella tragedia, en que murieron 46 personas, entre jugadores, cuerpo técnico y árbitros, ese dolor se irguió para negarle a la muerte el derecho de matar. Era el ilusionado no a la muerte pronunciado por un corazón desgarrado. Supongo que el tiempo restañó la herida y dejó la cicatriz de la resignación.

Conmovedora fue asimismo la reacción de la madre de otro “potrillo”, doña Marcia Carolina López. Respecto a su hijo Carlos Bustamante, también desaparecido en el Fokker. Ella declaró tiempo después: “No, mi hijo no está muerto. Por eso yo nunca le he hecho misa”.

Respecto al universitario Ciro, no nos adelantamos al veredicto de los forenses. Lo más sensato, creemos, tanto para nosotros los periodistas, como para los padres del joven, es acudir al máximo de calma posible.

También hay una moraleja para el público que lee la prensa amarilla, y que le cree: no hay que dejarse manipular por los periodicuchos que no informan, sino que inventan, mienten y escandalizan, al mismo tiempo que callan sobre hechos y personas que sí merecen atención.




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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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