Cipriani, intolerante

El arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, ha prohibido que el padre Gastón Garatea ejerza el sacerdocio. Es abuso.

| 14 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 2.9k Lecturas
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Las normas del Derecho Canónico mandan que se cumplan, contra un sacerdote en falta, ciertas reglas: corrección fraterna, amonestación y, finalmente, exposición por escrito de las causas que expliquen la suspensión. Nada de esto ha ocurrido.

Como es bien sabido, Cipriani proviene del Opus Dei, la organización fascista que cubrió con el manto religioso a Francisco Franco, el dictador asesino de España, que ascendió al poder gracias al apoyo bélico de Hitler y Mussolini.

En realidad, el crimen que se le conoce a Garatea es su opción por los pobres. La mayor “virtud” que se le conoce al Opus Dei es su opción por los ricos.

Garatea nació el Lima, en 1940. Estudió en el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima. En Chile cursó Teología y se ordenó sacerdote de la Iglesia Católica. En el Perú fue presidente de la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza y es asesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú en temas de Responsabilidad Social.

Quizá por esto último Cipriani lo quiere arrojar de los templos. No todos se han percatado de que en la lucha de Cipriani por adueñarse de la Católica se refleja un conflicto de escala mundial dentro de la Iglesia: el del Opus Dei contra los jesuitas. En muchos países se libra esa guerra en que los curas reaccionarios más recalcitrantes se enfrentan a los sacerdotes que asumen el cristianismo como una fe que incluye el amor por el prójimo, sobre todo por el más desamparado. Esta es una guerra planetaria, solapada, silenciosa, pero implacable.

Una caricatura de Carlín ayer en La República me trajo a la memoria un poema de ese poeta y novelista soberano que fue Víctor Hugo. Figura en el libro Les chatiments (Los testigos) y se titula: Palabras de un conservador a propósito de un perturbador. Algún día lo traduciré completo y lo publicaré con dos poemas asombrosamente afines a los versos de Hugo. Uno es de un peruano; el otro, de un ruso.

Escojo algunas líneas del poema hugoliano:

Él iba perorando, desquiciando la familia
Y la religión, y la sociedad;
Minaba la moral y la propiedad;
El pueblo le seguía, dejando al campo yermo;
Era muy peligroso. Atacaba a los ricos,
Halagaba a los pobres, afirmando que en la tierra
Los hombres son iguales y hermanos, que no hay
Grandes ni pequeños, ni amos ni esclavos…
Contaba esos horrores a los mendigos
Sin capa y sin sandalias.
Había que acabar con él, las leyes son formales.
Lo han crucificado…
-Pero ¿de quién habla usted?, pregunté.
-¡Vaya! de ese vagabundo que llaman Jesucristo.

Víctor Hugo, que defendió a los obreros derrotados de la Comuna, que imaginó los derechos de autor, la unión de Europa, veía hondo y lejos.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com