Castilla, hambreador

Existe en el Perú, según exjefes militares, un plan para debilitar o hacer desaparecer las Fuerzas Armadas. En realidad, este es un proyecto ideado hace años en Washington, que considera que en la costa del Pacífico Sur basta con un Chile poderosamente armado. En los demás países bastaría con gendarmerías. Esto es algo más que una idea.

| 18 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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El vicealmirante Jorge Montoya, expresidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, expresó ayer que el ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, igual que sus antecesores, tiene “un sesgo ideológico que lo lleva a considerar innecesario proporcionar fondos a las fuerzas armadas”.

Algo más grave aún declaró el vicealmirante: los que adoptan esa visión “creen que las fuerzas armadas son innecesarias y se inclinan por su desaparición”.

El marino sabe lo que dice, y tiene el coraje de decirlo.

Buena prueba de ese intento es que hayan disminuido los presupuestos para el sector castrense. La tesis de Montoya se ve confirmada asimismo por la desidia y la mezquindad con que es atendida la lucha contra el narcoterrorismo en el valle de los ríos Apurímac y Ene (Vrae).

¿Para quién juega el ministro Castilla?

El general (r) Daniel Mora señaló, por su parte, que en el Ministerio de Economía existe un dogmatismo “extremadamente liberal”. “No podemos mantener a los combatientes del Vrae con propinas de 160 y 240 soles”, apuntó, y precisó luego que muchos miembros de las Fuerzas Armadas tienen sueldos de hambre.

Castilla aducirá sin duda que no hay dinero suficiente en la caja fiscal.

Entretanto, el mar peruano es –valga el oxímoron– tierra de nadie. Empresas nacionales y extranjeras, sobre todo chilenas, saquean la pesca. Se llevan millones de dólares y apenas pagan impuestos, aparte de escapar de todo control del Estado.

Hace pocos días, formulé en esta columna una pregunta sustentada por datos de patrones de naves: ¿los barcos pesqueros exportadores sólo llevan pescado y harina en sus bodegas?

Por otra parte, he citado más de una vez la frase de un empresario español de la pesca de que se avergüenza por lo poco que pagan por la pesca valiosa que se llevan. Igual vergüenza admitió la ejecutiva de una pesquera surcoreana.

Al ministro de Economía no se le ocurre averiguar qué pasa con un recurso precioso que debería contribuir a sufragar los gastos militares, que son ridículos si se les compara con los que les dedica Chile, por ejemplo.

En verdad, Castilla sí está pensando elevar los ingresos fiscales. Pero no se le ha ocurrido nada mejor que castigar a obreros y empleados con una nueva escala de impuestos a la renta. De acuerdo al proyecto, todo trabajador en planilla que gane más de 1,043 mensuales tendría que pagar tal impuesto. Ese impuesto confiscatorio ha quedado en suspenso.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com