Caso Walsh: Operación Justicia

Dos de los asesinos de Rodolfo Walsh fueron condenados en Buenos Aires el 26 de octubre: Ricardo Cavallo, a cadena perpetua; Juan Carlos Potea, a 25 años de prisión. Ignoro si la investigación judicial ha determinado qué ocurrió con el cadáver del gran escritor y periodista argentino, cosido a balazos el 25 de marzo de 1977 y desde entonces desaparecido.

| 06 noviembre 2011 12:11 AM | Columna del Director | 1.8k Lecturas
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El día de su asesinato había depositado en el correo su Carta de un escritor a la Junta Militar, que Gabriel García Márquez ha calificado como “una obra maestra del periodismo universal”. La carta fue enviada a todos los diarios y corresponsales radicados en Buenos Aires, y a algunas publicaciones extranjeras, incluida Les Temps Modernes de Jean-Paul Sartre. Nadie la publicó.

El fascista Jorge Videla encabezaba la Junta.

Walsh había escrito antes, bajo otra dictadura castrense, ese relato genial titulado Operación Masacre, libro pionero del periodismo ficción, publicado nueve años antes que A sangre fría de Truman Capote, texto que muchos creen fundador de ese género. En la trigésima segunda edición de Operación Masacre (Ediciones de la Flor, 2006) se incluye esa carta abierta. He aquí párrafos de esa requisitoria, que traza el balance de un año bajo Videla:

“Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

“Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% y prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despedidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial”.

Walsh es uno de los grandes del periodismo y de la literatura de América Latina. Como muchos intelectuales, fue adverso a Perón, hasta que los crímenes de los dictadores lo decantaron hacia la militancia peronista. Se incorporó luego al movimiento armado de los Montoneros, aunque, poco antes de su muerte, había llegado a la conclusión que la vía de la lucha no era la de los “fierros”. “No hay que confundir la vanguardia con una patrulla perdida en la selva”, explicó.

Ejemplar periodista de investigación, Walsh dominó el arte del tiempo (que marca los relojes, la luz, los gestos, la voz) y el espacio (que no sirve solo para la descripción, sino que da claves de hechos, de matanzas). Fue también retratista insigne: En ¿Quién mató a Rosendo? presenta así a Domingo Blajaquis, un cuadro obrero inmigrante, que lee a Hegel: “tenía esa aureola de algunos viejos comunistas que toda su vida fueron corridos por la policía y al final por el partido. Una paciencia infinita, y una bondad casi absurda”.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com