Canción sin acompañamiento

Víctor Merino, el maestro del piano y la composición, nos ha dejado. La música popular pierde en él a uno de sus creadores más talentosos y versátiles. Poseía, además, el don de la amistad. Sabía tocar las teclas del corazón, motivo por el cual fue gran amigo de Juan Gonzalo Rose, a algunos de cuyos poemas puso música.

| 28 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 1.1k Lecturas
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Durante años fue el acompañante obligado de Tania Libertad, cuando ella soltaba el tesoro de canciones de Rose, entre ellas “Tu voz”, con letra y música del poeta.

Hay un corto documental en que se ve a Víctor, muy joven, acompañando al piano a Juan Gonzalo. Cuando este cantó su poema “Si a tu ventana dormida”, Merino le señala que el poema es muy breve, que algo le falta. Y Rose inventa ahí mismo, sobre la marcha de las notas, una cuarteta impecable.

Alguna vez, Merino presentó a un concurso una canción con letra de Rose. La premiación fue en el Teatro Municipal. El poeta había esperado en un café situado frente al teatro. Al final, con la estatuilla de oro y el cheque del premio, Víctor vio que Rose cruzó la pista para pedirle unos soles a fin de pagar unos tragos. Se fueron luego a una peña. Ahí, una dama se acercó a Rose para felicitarlo, y él… le regaló el trofeo áureo.

Víctor musicalizó en México, invitado por Tania Libertad, el poemario La vida, ese paréntesis de Mario Benedetti. En el país azteca acompañó tanto a Tania como a Joan Manuel Serrat, Willie Colón, Armando Manzanero, Mercedes Sosa y Chico Buarque.

Más de una vez, Víctor me pidió mis poesías, llamémoslas así, para ponerles música. Juntos compusimos el valse “Cuando digo Perú”, que fue el más aplaudido por el público en un concurso, pero que, por supuesto, no ganó. Insistió Víctor en otro concurso, pero de entrada eliminaron nuestro canto, “La Lima de mis amores”, eliminado porque aludía a la revolución… ¡la revolución caliente!

Hace algunos años, Víctor me urgió para que nos reuniéramos en mi casa, para ver una canción cuya letra me pertenecía, pero que en un verso necesitaba una sílaba más. Resulta que en el amanecer de esa cita yo había compuesto los versos, que él convirtió en canción atonderada: “Sombrero, desde la sombra, / dile que mucho la quiero, / dile que yo la venero / cuando mi labio le nombra”. Etcétera. Le puso música en tres o cuatro minutos.

En esa misma mañana mágica me reveló estos versos inéditos de Rose a los que él había musicalizado:

Mi mano derecha no sabe lo que hace mi mano izquierda.
Mi mano izquierda no sabe lo que hace mi mano derecha.
Pero con ambas manos yo te amo
y levanto tu nombre sobre el tiempo,
con ambas manos tomo tus cabellos,
flora del paraíso.
Junto mis manos para rezar
y las separo para colocarlas en tus hombros,
única balanza de mi dicha.

Ahora, Víctor nos acompaña desde el silencio.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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