Bolivia: una revolución obrera

El 9 de abril de 1952 estalló en Bolivia la primera revolución obrera del continente americano, una revolución cargada de lecciones.

| 09 abril 2008 12:04 AM | Columna del Director | 458 Lecturas
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El fermento había comenzado el año anterior, cuando el Movimiento Nacionalista Revolucionario (el MNR) gana unas ­elecciones generales, pero la oligarquía del estaño y la embajada de Estados Unidos se confabulan para instalar una Junta Militar.

El 9 de abril del año citado, se produce un contragolpe del MNR, apoyado por la Policía. La intentona es derrotada por el ­ejército; pero entonces todo se transtorna: los mineros entran a tallar.

Guiándose por las “Tesis de Pulacayo”, una propuesta insurreccional de los trotskistas bolivianos, los mineros marchan sobre La Paz, asaltan un tren militar cargado de armas y arremeten con fusiles y dinamita contra los militares que rodeaban La Paz. Obreros fabriles y campesinos apoyan el movimiento. Esa vasta movilización conduce a la derrota del ejército regular y su disolución.

Cuando en 1956 recorrí Bolivia desde el lago Titicaca hasta Santa Cruz, los caminos eran todavía controlados por milicianos obreros fusil al hombro.

La revolución triunfante realizó algunos cambios radicales: la reforma agraria y la nacionalización de las minas, el voto a los ­analfabetos y las mujeres. Pero el poder político se concentró en el MNR, que se decía antiimperialista y antioligárquico.

Después, en contubernio con la embajada de Washington y con el apoyo de fascistas europeos como Klaus Barbie, oficial de la Gestapo hitleriana y fautor de la matanza de patriotas en ­Lyon, Francia, durante la II Guerra Mundial, el MNR inició una campaña represiva. Bajo la dirección de Víctor Paz Estenssoro, el gobierno viró poco a poco hacia la extrema derecha.

El pueblo boliviano, que había demostrado su temple heroico y había enriquecido su experiencia política, perdió así el poder.

En una historia que se repite, no sólo en América Latina.

Las masas populares apoyan a elites políticas que se dicen revolucionarias, y que luego traicionan y se corrompen. Acción Democrática de Venezuela, el MNR de Bolivia, el PRI mexicano y el APRA del Perú siguen vías paralelas. Parecen un plagio de la trayectoria del Baath en el Medio Oriente.

La revolución boliviana de 1952 fue traicionada por Paz Estenssoro y la cúpula del MNR. Al final, el ejército, reorganizado por Paz, se encargó de derrocarlo.

El impulso, las conquistas, el ánimo de 1952 son, sin embargo, energías presentes en la Bolivia de hoy. Los esfuerzos separatistas de la reacción interna ¿alentada por la derecha continental, con el auspicio de Washington? se van a estrellar contra ese núcleo vital de resistencia y victoria. La provocación puede, como en 1952, radicalizar aún más el proceso boliviano y agitar aguas aún dormidas en áreas de América Latina.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com