Bolivia en la hora de la verdad

Fidel Castro puso el dedo en la llaga, el jueves 12, al expresar su solidaridad con la demanda de Bolivia de una salida al mar y al recordar que la oligarquía chilena infligió a Bolivia una “humillación histórica” al arrebatarle su costa en el Pacífico.

| 17 febrero 2009 12:02 AM | Columna del Director | 763 Lecturas
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Castro se ha limitado a enunciar una verdad histórica cargada de lecciones para hoy y para mañana.

Todavía en los años veinte del siglo pasado, Jorge Basadre podía saludar el coraje de intelectuales y estudiantes chilenos que se oponían a la ambición expansionista que despojó de mar a Bolivia, y se apoderó, por la violencia y con la complicidad de Estados Unidos, de suelo peruano. Esa corriente no se ve hoy en Chile.

La del Pacífico, en la que el Perú y Bolivia resultaron derrotados, fue una guerra de conquista, alentada por el imperialismo inglés.

Nuestros gobernantes, en especial el presidente Alan García, padecen, en el mejor de los casos, de ignorancia. Parecen desconocer los propósitos de largo plazo de Chile.

Sabido es que el conflicto del Pacífico tuvo móviles económicos y políticos.

Entre muchos otros, existe un libro aleccionador sobre los orígenes y las consecuencias de esa contienda. Nos referimos a La guerra del Pacífico 120 años después de la joven especialista peruana Carolina Leciñana Falconí (edición de la autora).

El volumen aporta información precisa sobre las inversiones de Chile en Bolivia y el Perú que alentaron la conquista.

“José Manuel Balmaceda, Canciller chileno, trató de probar por diversos medios la importancia de Tarapacá para Chile, manifestando la existencia de grandes capitales e industrias chilenos que operaban en dicha zona, y señalando de manera arbitraria que el Perú no podía pagar a Chile una adecuada indemnización de guerra y que, por tanto, era inevitable la cesión territorial”.

Carolina Leciñana recuerda la expresión de Víctor Andrés Belaunde en Nuestra cuestión con Chile (1919) según la cual a Chile no le bastó ocupar el territorio peruano, “su propósito fue destruir y aniquilar el Perú”.

En el fondo de la diplomacia chilena de entonces, y desde el siglo XIX bajo la inspiración de Diego Portales, está el afán de distanciar al Perú de Bolivia. Nuestra autora anota que en cierta etapa Chile esperaba negociar la incorporación de Tacna y Arica a Bolivia, a cambio de soberanía chilena sobre el litoral entre los paralelos 23 y 24.

Dividir para reinar: ésa es la estrategia de Chile respecto al Perú y Bolivia.

Es penoso comprobar que la derecha gobernante del Perú le hace el juego a los herederos de Portales, el político chileno que, con ayuda de peruanos, destruyó la Confederación Perú-Boliviana.

Fidel, seguro: ¡a la oligarquía chilena dale duro!

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com