Benavides es la tierra baldía

Ismael Benavides es el peor ministro de Agricultura que haya sufrido el Perú. Lo demuestra la tenaz exclusión y el reiterado maltrato que aplica a gremios e intereses agrarios.

| 28 mayo 2008 12:05 AM | Columna del Director | 495 Lecturas
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No es sólo cuestión personal. Su estado mayor sería risible, si no fuera deplorable. De sus 18 asesores, 10 son abogados, 5, ­economistas y dos carecen de especialización. El director general de Planificación es un ­abogado que ha ejercido altos cargos desde el fujimorismo. Por algo será que enfrenta juicios por delitos contra el Estado en Ica, la tierra donde el ministro tiene fundos y culpas.

Representante típico de la plutocracia, ese mal que dura más de cien años en el Perú, Benavides sólo tiene un agrónomo en su gabinete, Fausto Robles Rodríguez, experto en exportaciones de la costa.

Jefe de asesores es Carlos ­Adrianzén, un ultraliberal ajeno, por eso mismo, a toda inquietud por los problemas sociales.

Todo eso explica por qué no atiende los graves problemas de la coyuntura y las amenazas del calentamiento global y del alza mundial en el precio de los productos alimentarios.

Hay problemas de corto, mediano y largo plazo en nuestro agro. La falta de diálogo con los sectores de la producción que no cultivan exclusivamente para el exterior ha tenido ya efectos siniestros, que se reflejan en el costo de la canasta familiar.

Las alzas y la escasez se extienden por costa, sierra y selva. Eso significa más pobreza para los pobres y merma en el nivel de vida de las capas medias. Los ricos también lloran. Y por eso nadie cree que la pobreza haya disminuido.

La ausencia de especialistas y productores en el ministerio del ramo ha impedido, como explica la revista Agronoticias en su ­edición de abril, concertar alternativas frente al “desmadre hidrometeorológico” que se viene, con sus efectos adversos en algunos casos y benéficos en otros.

Debido a eso, en la presente campaña no se han podido sembrar las 230 mil hectáreas de trigo que históricamente se cu­brían en los Andes, ni cultivar 140 mil hectáreas del grano en la costa, después de la cosecha de arroz. Ahora sobra agua para eso, pero no hay semillas, ni especialistas, ni fertilizantes.

En cuanto a éstos, el ministro ha prometido a lo largo de meses oficializar la importación directa, no a través de intermediarios, con apoyo del Banco Agrario, de 25 mil toneladas de úrea. Pero la úrea, ay, sigue subiendo.

Como digno colofón de su desprecio por el agro, Benavides decidió ayer vetar la presencia de un fundador de la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro) en una reunión de trabajo.

Una información del gremio indica que, en protesta por esa actitud, la delegación, encabezada por su presidente, Luis Zúñiga, decidió retirarse.

Benavides cree que el ministerio es su chacra. Tierra baldía es su gestión.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com