Bases sin base

La instalación de siete bases estadounidenses en Colombia ha preocupado a los gobiernos de América del Sur, incluido el poderoso Brasil. El único país, mejor dicho, el único presidente que se ha mostrado satisfecho es Alan García.

| 10 agosto 2009 12:08 AM | Columna del Director |500 Lecturas
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Los títeres mediáticos del imperio, como Jaime de Althaus, se ríen de la inquietud del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que ve en esa movida una amenaza contra su país. “Está loco”, dicen. En realidad, no hace falta ninguna suspicacia para ver que dos de las bases acordadas por el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, están cerca de la frontera con Venezuela.

Si el propósito del acuerdo entre el Pentágono y Colombia es la lucha contra el narcotráfico, no se explica por qué dos de esas bases, la de Malambo y la de Cartagena, están tan cerca una de otra y tan próximas a la frontera de Venezuela.

No es esa una ruta de los traficantes de droga.

Por otra parte, el imperialismo yanqui no respeta delicadezas tales como los acuerdos oficiales. Logrado su propósito de instalar bases, hace en ellas y con ellas lo que le viene en gana.

Peter Koenig, el economista suizo que durante más de veinte años trabajó como especialista del Banco Mundial sobre recursos de agua, precisa en Implosion cómo los yanquis enviaron a la base militar Mariscal Estigarribia, en Paraguay, no los 300 soldados convenidos por un acuerdo oficial, sino mil. El pretexto era entrenar militares paraguayos para la eventualidad de que Bolivia exportara su desorden a Paraguay.

El general paraguayo Valdez protestó contra el abuso.

“Sí”, dijo el militar guaraní, en entrevista con un coronel estadounidense. “Yo conozco el acuerdo. Pero habla de 300 hombres y no de mil. Además, no hay conflicto. Bolivia es nuestro vecino y amigo. Les ordeno retirar al menos 700 soldados en el plazo de una semana”.

Antes de que el coronel gringo se retirara del diálogo con Valdez, éste recibió una reprimenda telefónica del ministro de Defensa paraguayo.

Al final, los militares del Pentágono salieron con la suya.

Ocurre que la base Mariscal Estigarribia está situada en la cabecera del río Guaraní, el acuífero más grande del mundo en agua fresca. Está situado entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

“Se extiende”, explica Koenig, en un área de cerca de 1’200,000 kilometros cuadrados, tiene un volumen aproximado de 40 mil kilómetros cúbicos y podría abastecer a la población del mundo durante 150 a 200 años con 100 litros diarios por persona.

“Las corporaciones estadounidenses y europeas de suministro de agua han echado hace tiempo el ojo a este acuífero, puesto que el agua puede volverse pronto una mercancía de alto valor, quizás superior al del petróleo”, explica Koenig.

También Venezuela, rica en petróleo, está en la mira de las grandes potencias.

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Redactor Anónimo