Asesinos en serie

Los sicarios que se adiestraron en Sendero Luminoso y ahora actúan al servicio del narcotráfico han demostrado en estos días tres cosas:

| 17 abril 2012 12:04 AM | Columna del Director | 2.7k Lecturas
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1. Que están muy bien armados.

2. Que no vacilan en ejercer su oficio: matar.

3. Que la estrategia, la táctica y el arte operativo de la fuerza pública son, en conjunto, un fracaso y deben ser cambiados.

Los asesinados por el terrorismo demuestran lo que arriba afirmamos e indican cuán erradas están las declaraciones triunfalistas de las autoridades, empezando por las del Presidente Ollanta Humala.

Se discute ahora si eso que Humala calificó de “operación impecable” respecto a la libertad de 36 trabajadores del Consorcio Camisea fue un rescate liberador o una liberación pagada a los secuestradores por la empresa privada.

En todo caso, los muertos, los heridos y los mutilados siguen siendo en su mayoría de la fuerza pública.

Hay que considerar los peligros de la situación, las perspectivas sombrías que asoman en el horizonte, y que hay que afrontar. En primer lugar, los servicios de inteligencia deberían calibrar el arsenal de los terroristas y su procedencia. Harto probable es que sea suministrado por el narcotráfico, en particular el de México. Esto señalará el tamaño de la amenaza.

El carácter sanguinario de las huestes de “José”, el jefe terrorista del Valle del Apurímac y el Ene (VRAE), está a la vista.

El ángulo agudo del problema es la estrategia. No es correcto suponer que los asesinos son la prolongación del senderismo de Abimael Guzmán. Lo continúan en los métodos y en algunas frases; pero no son lo mismo. Su actividad central y su negocio propio es la defensa de la actividad del narcotráfico, de los envíos y del abastecimiento de insumos para la fabricación de cocaína. No son solo cuerpo de seguridad. También tienen sus laboratorios, clave de su riqueza.

Por eso, la estrategia no puede ser solo militar y armada. Hace falta reconstruir redes de inteligencia, que el gobierno de Alan García eliminó. Asimismo hay que poner la puntería en la importación, transporte y venta de los insumos químicos que se emplean para producir cocaína. García no quiso hacerlo. Es vital extirpar la corrupción de los agentes del Estado coimeados por el terrorismo.

El desafío obliga a un programa serio de cambios sociales en las áreas amenazadas. Una vez más, queda al desnudo la torpe idea neoliberal de empequeñecer el Estado y su función social.

El aspecto del arte operativo, de la logística, muestra déficit alarmantes. Hace ocho o nueve años, un jefe de la Marina retirado me informó que los pilotos de los helicópteros de Armada que actuaban en el VRAE se quejaban del pésimo blindaje de sus naves. “Son como latas de leche Gloria”, expresaban, y así lo publiqué en LA PRIMERA. Parece que eso no ha cambiado gran cosa.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com