Armas sin discreción

La Resolución Suprema que autoriza la intervención de las Fuerzas Armadas en el paro general de mañana miércoles tiene estos rasgos:

Por Diario La Primera | 08 jul 2008 |    

1. Implica una acción inconstitucional, violatoria del parágrafo primero del artículo 137 de la Constitución.

2. Confirma el carácter autoritario y represivo del régimen, y busca enfrentar, peligrosamente, una vez más, a los institutos castrenses con el pueblo.

La resolución se ampara en la Ley 28222, referida a la intervención de las Fuerzas Armadas en zonas no declaradas en emergencia. Los juristas oponen a esto un argumento decisivo: ninguna Ley prima sobre la Constitución.

La Carta establece, en el artículo y el parágrafo arriba mencionados, que el Presidente de la República puede decretar, con acuerdo del Consejo de Ministros, el estado de emergencia.

El estado de emergencia, dice la norma constitucional, se decreta “en caso de perturbación de la paz o del orden interno, de catástrofe o de graves circunstancias que afecten la vida de la Nación”. Ninguna de esas situaciones existe ahora.

El gobierno ha venido proclamando que el paro va a ser un fracaso, que no tiene apoyo de los trabajadores. ¿Para qué se requiere, entonces, la intervención militar?

La finalidad primordial de las Fuerzas Armadas es, reza el artículo 165 de la Constitución, “garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República”. Su papel no es actuar en apoyo de la policía. O del gobierno.

La verdad que emerge de este cuadro y de la arremetida propagandística del régimen es ésta: Alan García y su entorno le tienen miedo al paro, le tienen miedo al país.

El paro puede ser la confirmación de lo que dicen todas las consultas de opinión: que Alan García y sus ministros tienen el voto en contra de la aplastante mayoría. El paro puede resultar una encuesta en vivo y en directo.

Para el régimen ha de ser muy penoso comprobar que sus bravatas y amenazas, sus prebendas de 15 soles, y la furia de sus servidores mediáticos no evitan la paralización.

La intervención de las Fuerzas Armadas en los conflictos sociales no es novedad. En 1919, después del paro victorioso por la jornada de ocho horas -15 al 17 de enero-, se produjo, en mayo, el paro por el abaratamiento de las subsistencias. Esta paralización, caudalosa y enérgica, fue enfrentada con el estado de emergencia y la acción del Ejército. El resultado fue trágico. Hubo muchos muertos.

Parecido es el caso del paro general del 19 de julio de 1977: el general EP Francisco Morales Bermúdez lanzó a las Fuerzas Armadas contra el pueblo. Hubo muertos y heridos.

Los dirigentes del paro próximo han prometido que éste será pacífico. A ellos y a la multitud les corresponde montar guardia contra provocadores. Les asisten la justicia y el derecho.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com