Año uno de la nueva era

Hoy empieza el primer año de la nueva era, según señala el Calendario maya. Este ciclo se acabará el 7.138 después de Cristo. Entretanto, acá en el Perú tenemos que conformarnos con ver cómo empieza el 2013, de la era (poco) cristiana.

| 07 enero 2013 12:01 AM | Columna del Director | 821 Lecturas
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Cuando, según los mayas, se acabe la era recién iniciada, supongo que nadie recordará lo que fueron nuestros días en la política nacional. Congresistas inhábiles que se fijan sueldos y prebendas espléndidos. Mandatarios que en la época electoral prometen el oro y el moro, pero ya en el poder se contentan con el oro. Un país hundido en la ignorancia y entumecido por el entretenimiento. Un país donde los partidos políticos no existen, donde la izquierda se ha esfumado y los candidatos a la presidencia incluyen a un ciudadano estadounidense y a la hija de un dictador que robó y mató a manos llenas (de dólares y de sangre).

Este es el país donde los altos valores y los personajes descollantes son desconocidos o ninguneados. Mario Vargas Llosa publicó el año pasado el libro La civilización del espectáculo. Ese texto recibió una respuesta crítica y autorizada de Rodrigo Montoya, quien, desde la ciencia antropológica, refutó la división entre alta cultura y baja cultura, o, más bien incultura.

Hay, sin embargo, en las páginas de Vargas Llosa algunas observaciones agudas sobre la amenaza que se cierne sobre la cultura (alta o baja) en los tiempos del capitalismo salvaje, es decir, del neoliberalismo que él defiende. No hace falta adoptar la ideología política que el escritor propugna para coincidir en algunas visiones certeras de su análisis.

Creo que la izquierda en particular ha perdido la perspectiva en el campo de la cultura. En la poesía proliferan los versificadores “de vanguardia”, anhelosos de contar sus cuitas muy personales en lenguaje prosaico y seco. Ellos creen que basta exhibir sus dolores en versos libres (libres de preocupación por el fondo y la forma) para crear poesía.

Se llega a veces a extremos extremistas. En una revista de ese campo, filudamente denominada “Tajo”, leo esta reflexión de Omar Livano: “Probablemente Vallejo figura en todos lados como el mejor poeta peruano. Esto es entendible, justo e inevitable. Pero urge que al menos alguien se atreva a decir que Juan Ramírez Ruiz también es el mejor poeta peruano, o el único poeta que nos merecemos”.

He leído a Ramírez Ruiz, cultivé su amistad, lo aprecio como poeta; pero no por eso creo que haya que elevarle a la altura del genio que escribió “Los heraldos negros”, canto ontológico y coral de un dolor colectivo, o “Masa”, himno de la solidaridad y la esperanza humana.

José Carlos Mariátegui advirtió: “Los bienes materiales son directamente expropiables; la cultura, no”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com