Alimentación de la corrupción

En el Perú es frecuente que los políticos corruptos ejerzan su viveza hasta en actividades destinadas a aliviar a víctimas de la tragedia o de la pobreza. Se vio en el caso de la ayuda alimentaria para los afectados por el terremoto de Ica. Como se sabe, el “vivo” de esa historia, un aprista, fue encarcelado, pero luego liberado por razones humanitarias, o más bien pecuniarias.

 

| 22 setiembre 2011 12:09 AM | Columna del Director | 3.5k Lecturas
3593

Pero este tipo de pícaros parecen tener buena suerte.

Llama la atención lo ocurrido con la nutricionista Mónica Patricia Saavedra Chumbe, nombrada directora de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) bajo el actual gobierno.

El hecho ha causado sorpresa entre especialistas honestos y competentes, que durante el régimen de Alan García fueron despedidos del Programa Nacional de Alimentación (Pronaa) a pesar de su calificación y su condición de dirigentes sindicales. En esta columna denuncié reiteradamente el caso, pero la mafia gubernamental le echó tierra al asunto.

La señora Saavedra había sido Gerente Técnica del Pronaa en 2004, en el gobierno de Alejandro Toledo, y tuvo una mala gestión, que condujo a la reversión de varios millones de soles destinados a la compra de alimentos. Luego se recicló y quedó como asesora de Pronaa pagada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Esto le costó a la institución más de diez millones de soles en comisiones. El que actuara bajo el manto del PMA permitió evadir la valla de la Contraloría General de la República.

En esa época, los mandos de Pronaa compraron papilla sin tasa ni medida, mejor dicho, sin escrúpulos. Los equipos zonales no pudieron consumir todo el producto, pues la demanda era irreal y las compras se basaron en un número de beneficiarios que no existía. De esto se valió la cúpula del organismo para enviar desde la sede central malos técnicos, entre ellos el ingeniero alimentario aprista José Miguel García, quien impuso un método de evaluación sobre hermeticidad y rotulado de la papilla en lenguaje que Cantinflas hubiera reivindicado como suyo. Con eso se logró rechazar lotes suministrados por los proveedores y responsabilizar a varios jefes de almacén por supuestos problemas de calidad. En conclusión despidieron por falta grave a ocho especialistas de almacén.

De esa forma, los ejecutivos, de los cuales formaba parte Mónica Saavedra, rechazaron el producto que habían adquirido en cantidad excesiva. De paso, lanzaron a la calle a trabajadores sindicalizados.

Muchos proveedores de papilla iniciaron juicios a Pronaa, pues contaban con la debida certificación.

En desaguisados como éste entran por partes iguales la deshonestidad y la manipulación. Lo ocurrido en Pronaa fue un crimen contra la niñez desnutrida que esa institución debe atender. El Ministerio de la Mujer debería revisar lo actuado.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: |


...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com