Ahora es cuando

Pocas veces ha sido tan importante, como hoy, el voto por los destinos de Lima. No es una decisión política, ideológica o puramente vecinal. El dilema es simple: honestidad versus corrupción.

| 17 marzo 2013 12:03 AM | Columna del Director | 748 Lecturas
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Esta vez, la corrupción va aliada con asesinos (El Frontón, Bagua, Construcción Civil).

Hay quienes creen que se trata de capacidad administrativa, o de regulación del tránsito, o de desacierto en los corredores viales. No. Lo que está en juego es la limpieza moral enfrentada a los métodos tradicionales de la política, impulsados por el engaño, la componenda, el enriquecimiento ilícito.

Hace años, en una campaña electoral, Humberto Martínez Morosini, en un programa de Canal 5, preguntó, con sorna a Alfonso Barrantes, candidato:

—Doctor Barrantes, ¿usted sigue creyendo en la revolución?

—Vea, don Humberto, contestó Barrantes, un gobierno honesto ya sería una revolución en el Perú.

Si uno piensa en los miles de millones perdidos por el país a través de las coimas en privatizaciones tramposas, en concesiones coimeadas, en licitaciones farsescas, tiene que concordar con “Frejolito”.

Por lo demás, la acción de Susana Villarán al frente del Concejo Metropolitano ha sido eficaz. Eliminar ese foco de negociados y de ratas, esa amenaza para la vida de los vecinos, fue una hazaña. Emprender con energía la reforma del transporte público es mérito reconocible.

Susana Villarán proviene del catolicismo renovador, que prendió en el Perú y otros países de Nuestra América, la región del mundo con más católicos. Ese origen inspira sin duda el sentido social de su alcaldía.

Ha conquistado la alcaldesa el apoyo de vastos sectores de Lima. Gente de izquierda, sectores conservadores como el PPC y sus líderes Luis Bedoya Reyes y Lourdes Flores, avanzan coincidencias frente a un peligro que no preocupa a los revocadores: dejar a Lima sin autoridad municipal, paralizar obras, abrir una etapa de discordia para elegir nuevo alcalde y nuevos regidores.

Ese peligro no inquieta a los enemigos de la alcaldesa. Su gran interés es recuperar el manejo de los fondos ediles, creer que el desarrollo urbano consiste solo en bloques de cemento y en túneles mal concebidos, como el del Rímac-San Juan de Lurigancho, encargado sin duda a un grupillo de ingenieros con carné de partido y sin experiencia en obras de esa talla. El resultado fue un derrumbe parcial.

Por todo eso, hay que reflexionar bien antes de votar.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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