“¡Agarren a cualquiera!”

La agresión contra estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la invasión del campus de ésta perpetradas por la Policía merecen rechazo y castigo.

| 10 mayo 2008 12:05 AM | Columna del Director | 384 Lecturas
384

La intervención policial se produjo en el intento de disolver una marcha estudiantil pacífica que protestaba contra el daño causado a la universidad por obras que la Municipalidad de Lima realiza tanto en el exterior como en el interior de la Ciudad Universitaria.

Los estudiantes rechazan, con razón, el proyecto de anillo vial, que ocuparía 28 mil metros cuadrados del campus y crearía en las aulas problemas de contaminación ambiental y sonora.

La incursión de la fuerza pública no se justifica. Viola la Ley Universitaria aprobada por el Congreso y rubricada por el presidente Fernando Belaunde en diciembre de 1983.

El artículo octavo de la Ley manda: “El recinto de las Universidades es inviolable. Las Fuerzas Policiales sólo pueden ingresar en él por mandato judicial, y a petición expresa del Rector”.

No ha habido ahora ni mandato judicial ni solicitud rectoral.

Los estudiantes han denunciado la infiltración en su marcha de sujetos encapuchados que lanzaron piedras contra los policías y luego desaparecieron.

Es evidente, pues, que hubo provocación oficial. Eso ha dejado numerosos heridos, dos de ellos de gravedad, internados en el Hospital Daniel Alcides Carrión.

El atentado tiene un responsable directo: el ministro del Interior, Luis Alva Castro.

El ataque a la principal universidad del país ostenta antecedentes siniestros. Uno de los primeros actos de la dictadura de Manuel Odría fue, en 1968, meter tanques en la Casona de San Marcos. Violador de la Ciudad Universitaria fue el genocida Alberto Fujimori.

Un estudiante recién ingresado a la Facultad de Ingeniería de Sistemas sanmarquina nos envía un testimonio revelador. No está él, expresa, a favor ni en contra de la reacción estudiantil, “al no estar bien informado”. Al salir el jueves del campus y, en vista de la refriega desatada, se refugió con otros alumnos en cabinas de Internet exteriores a la Ciudad. Luego se dirigieron a un parque adyacente, donde no se movilizaba la protesta.

“Al estar caminando tranquilamente, los policías empiezan a gritar: ¡Agarren a cualquiera!”, relata. Varios jóvenes resultaron presos.

He ahí la arbitrariedad en su expresión más necia y ruda.

San Marcos está bloqueada por las construcciones municipales, que, conforme a decisiones de la Asamblea Universitaria, deben ser detenidas y modificadas. Ése es el problema de fondo.

Por su parte, Luis Castañeda debe resignarse al diálogo. La prepotencia y la obstinación promueven conflictos y violencia.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com