Adiós a Nadeira, maestra

Nadeira Barahona, maestra y luchadora social, ha muerto. Diré que la conocí en los días de la dictadura de Odría, cuando ella era una joven aprista prisionera en el Hospital Loayza. Yo acababa de salir de la cárcel.

| 21 julio 2009 12:07 AM | Columna del Director |  1.3k 
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Nadeira se había hecho aprista en el Colegio Nacional Rosa de Santa María, durante el breve interludio democrático 1945-1948. Era alumna de San Marcos cuando se produjeron el levantamiento aprista de octubre de 1948 y la ilegalización del Apra. Le indignó ver cómo los tanques rompían las puertas de la Universidad, es decir de La Casona, y se enfrentó a los soldados revólver en mano. Tenía 20 años de edad.

Era mujer de armas tomar. Fue apresada. Como estaba enferma, no sé si por maltratos, la tenían encerrada en el Loayza en una caseta custodiada por dos guardias republicanos. Le llevé un mensaje de los apristas rebeldes presos en el Sexto.

Después marchó al destierro. Como Juan Pablo Chang y Gustavo Valcárcel, se hizo comunista en el exilio. En ese tiempo recorrió Bolivia, Brasil, México, Europa.

En México trabó amistad con desterrados como Manuel Scorza. Nadeira era intelectualmente brillante y de honda cultura. Cuando murió Scorza me dijo por teléfono: “Manuel era un gallo de pelea. Siempre iba a ser joven”.

En los días de la recuperación democrática, volvió al Perú. Con otros compañeros, compartimos militancia y pobreza. No sé cómo mi tía, hermana de mi padre, nos agenciaba unos almuerzos que se tornaban aún más suculentos por el sabor de la fraternidad.

Allá por 1947 publiqué en un periódico olvidado un cuento al que titulé “Una sonrisa en el verano”. El director lo hizo aparecer con el título de “Una María que se fue”. Entre risas, Nadeira me dijo: “Es un cambio huachafo, pero el cuento es muy bueno”.

No conocíamos la mezquindad.

Por esa época, Nadeira casó con Virgilio Roel, otro marxista proveniente de las canteras del Apra. Alejada del PC, siguió siendo una luchadora. Era, además, educadora. En tal condición llegó a ser elegida Decana de la Facultad de Educación de San Marcos.

James Joyce escribió que un retrato escrito no debería ser una ficha de identidad, sino la curva de una emoción.

Acatando ese mandato estético, no puedo cerrar estas líneas sin recordar a la Nadeira joven, a la gorda Nadeira que ponía en la lucha y el discurso, no la ponzoña del odio, sino, junto con la claridad de las ideas, la cristalina alegría.

Nadeira evocó una vez los días del destierro que compartió con Chang en México. El futuro guerrillero, muerto en Bolivia como compañero del Che, estaba enamorado de una bella colombiana que no le correspondió. Pero “el chino” no perdió su sonrisa perenne.

Fuimos, creo, una generación alegre.

Nadeira: en homenaje a nuestra juventud sin sombras, que éste sea un adiós sin lágrimas.

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César Lévano

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com