Adiós, Doris Gibson, amiga

Ayer por la tarde ha muerto Doris Gibson, fundadora de Caretas y una de las mujeres cuyo talento y coraje le permitieron convertirse no sólo en abanderada de la independencia del periodismo y de las libertades públicas, sino también en defensora de los vínculos vitales entre periodismo y cultura.

Por Diario La Primera | 24 ago 2008 |    

Conocí a Doris Gibson allá por 1950, en los momentos en que ella y Francisco Igartua creaban la revista de más larga duración en la historia del periodismo peruano.

Doris era en más de un sentido el alma de la publicación. No sólo por su intensa peruanidad y su horizonte cultural, sino porque estaba vinculada desde muy joven con la intelectualidad democrática. No en vano era hija de Percy Gibson, el gran poeta arequipeño que pintó como ningún otro lírico el color, el humor y la fiesta de Arequipa.

Antes de los 20 años frecuentaba la Escuela Nacional de Bellas Artes. Allí empezó sin duda su romance con Sérvulo Gutiérrez, y trabó amistad con José Sabogal, las hermanas Alicia y Celia Bustamante, los jóvenes José María Arguedas y Alfonso de Silva. Desde temprano cultivó la amistad con Jorge Basadre, Raúl Porras y José María Eguren.

En los días en que la conocí, de lejos, vi cómo era contemplada con admiración por su belleza, su porte altivo, su espontaneidad. Ya entonces se aquilataba su condición de mujer independiente, que había roto con tabúes sociales.

A fines de 1950 sufrí mi primera prisión. A poco de salir en libertad, volví a caer, siempre por el delito de publicar periódicos y volantes clandestinos. Al salir libre, a fines de 1955, gracias a la lucha del pueblo por la amnistía general y por la derogación de la llamada Ley de Seguridad Interior, escribí mi primera colaboración para Caretas.

Allí describí el trato brutal a presos políticos y comunes, y arremetí, en general, contra la dictadura. A la cabeza de mi texto coloqué, como epígrafe, estos versos de Nicolás Guillén: “Malo es ser libre y estar preso, / malo estar libre y ser esclavo.”

Durante cinco años fui colaborador regular de la revista, hasta que Doris Gibson me propuso trabajar allí a tiempo completo. Renuncié entonces a mi puesto de traductor en la Agencia France-Presse.

Durante largos años trabajé en Caretas, contando con la amistad, el afecto y el estímulo de esa mujer excepcional que supo enfrentarse a clausuras y persecuciones, dictadas, injustamente, por el gobierno del general Juan Velasco.

Soy testigo de su cariño por el arte y los artistas populares: los hermanos Áscuez, las hermanas Zevallos, el dúo de cantores de yaravíes Chuquimia-Espinoza, los artesanos Mendívil.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com