Abuse usted de las cholas

El embajador de Ecuador, Rodrigo Riofrío Machuca, ha demostrado tener poco de diplomático y mucho de racista. El incidente que protagonizó días atrás lo muestra, además, como un valiente cuando se enfrenta a mujeres.

| 30 abril 2013 12:04 AM | Columna del Director | 2k Lecturas
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La historia ha indignado a los peruanos. Empieza cuando la peruana Cristina Castro le adelantó en la cola de pago de un supermercado de Magdalena. El embajador, según propia versión, se indignó por este hecho. La señora Cristina indica que Riofrío exclamó entonces: “Así son estos peruanos, peruanos ignorantes. Por eso es que este país no avanza, está lleno de indígenas”. Una señora que acompañaba al embajador agregó: “¿Qué les pasa a estas cholas?”.

Racismo por partida doble, absurdo en labios de hijos de Ecuador, un país poblado por una mayoría étnica muy parecida a la peruana, con indios, mestizos, negros, mulatos y todo el etnicolor forjado por la historia.

La hija de doña Cristina, indignada por el insulto, aplicó una bofetada a Riofrío. Éste respondió con golpes. Aseguran las peruanas que incluso las pateó en el suelo.

Si don Juan Montalvo hubiera imaginado ese tipo de valentía en un paisano suyo, lo hubiera marcado a fuego en sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. El título sería: “De cómo un denodado caballero se batió contra dos poderosas hechiceras cholas”.

El agravio de palabra y obra a dos peruanas cometido por un señor que no es precisamente un ario puro confirma el racismo que aún reina en ciertos sectores de nuestros países. Las injurias que él y su acompañante profirieron contra las indígenas y cholas del Perú no tienen patente ecuatoriana. En las últimas elecciones generales se difundieron acá infamias frente a las cuales las maledicencias del embajador resultan de menor escala.

Persona que tiene por qué saberlo, me confió hace un año que el expremier Óscar Valdés creía, desde muy joven, que los problemas del Perú se resolverían si se acabaran los indios y los chunchos. Su acción represiva, con muertos, en la etapa en que presidió el Consejo de Ministros, confirma esa opción.

Nada de esto reduce la culpa del diplomático. Si la investigación confirma los insultos y el maltrato físico, debería ser considerado persona no grata. Cierto, él ha pedido disculpas; pero eso no borra el agravio.

Por lo demás, Riofrío tiene razón cuando expresa que el incidente no debe afectar las buenas relaciones entre Ecuador y el Perú. Nuestros dos países han sabido superar asperezas mayores, y ahora están dedicados al trabajo conjunto en pro del desarrollo y en contra de la pobreza de grandes sectores de nuestros pueblos.

Por eso, es deber de la Cancillería peruana actuar con el tino máximo: con el rigor más severo frente al agravio inferido no solo contra dos peruanas, y también preservando las normas de la diplomacia, que el señor Riofrío patea sin piedad.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com