Valentín Javier Diment y “La memoria del muerto”

Tras participar de varios festivales internacionales como Sitges, Fantastic Fest y el Feratum Film Fest, realizado en México y en el que obtuvo el premio a Mejor Película, la cinta argentina “La memoria del muerto” (2011) llega a las salas de su país. Valentín Javier Diment, el director , nos introduce en una historia que combina todo tipo de elementos y mantiene atrapado al espectador hasta el final.

| 06 abril 2013 12:04 AM | Cine | 1.6k Lecturas
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Escriendo cine y ABC Guionitas, entrevistaron a Diment, entrevista que reproducimos.

–¿Cómo surge la idea de filmar la película?
–Martín Blousson estaba escribiendo un guion, me lo mostró y encontré una linda estructura para poder meter, dentro de una película de terror de estilo clásico, escenas de dramas familiares bastante excedidos. A los dos días de ver el guion me enteré de que en tres días cerraba el concurso Óperas Prima del INCAA. Le pedí a Martín la habilitación para presentarlo y ganó.

–A medida que transcurre la historia, La memoria del muerto va incursionando en distintos géneros. ¿Encuadrarla en uno en particular sería una simplificación?
–La película es todo eso. Tiene elementos de terror, de melodrama, cosas de humor negro. Tiene mucho gore, porque me divierte. Yo quería hacer una de terror cruzada con un melodrama, básicamente. Lo que estoy contando ahí son dramas familiares, con muy pocas pinceladas. En principio, el guion tenía mucho de “slasher” clásico con adolescentes, pasa que ya estoy grande y me aburro un poco con eso. Entonces, me divertía la idea general, pero me empezaron a dar ganas de trabajar con gente mayor y con psicologías un poco más complejas. Y desde ese lado empezamos a construir.

–La fragilidad, la debilidad y la inocencia son características que se vinculan mucho con experiencias vividas, tiempo atrás, por los personajes. ¿Qué papel cree que tiene ese pasado?
No es solo el pasado, es la infancia, en la cual uno está muy vulnerable en relación con sus seres más cercanos. Entonces te cagan la vida con mucha facilidad. Es una mierda la infancia. Claro que también tiene lo otro, no es que no lo tenga, como un montón de cosas maravillosas, sobre todo en cuanto a no tener responsabilidades. Es otra percepción del mundo, digamos. Es una percepción que uno puede extrañar, ahora, lo que hace esa percepción del mundo, además de dar felicidades plenas, es darle un poder extralimitado a la pesadilla.

–¿Cómo hace para mantener la verosimilitud de la historia frente a la combinación de tantos elementos de diferente tipo?
–Hay un montón de cosas que confluyen, pero creo que la clave son las actuaciones, trabajar actuaciones de verdad donde todo lo que pasa le está pasando al personaje. No están representando, sino que son personas a las que les están pasando cosas tremendas y reaccionan desde su verdad. Y, para esto, antes trabajás mucho con los actores

–¿Buscó algunas características en particular a la hora de pensar en el elenco?
–Es irregular, porque hay varios actores que son amigos míos, como Luis Ziembrowski, con quien trabajé un montón de veces. A otros como Rafa Ferro, lo tenía de vista y pensé que estaría buenísimo trabajar con él o Jimena Anganuzzi, una excelentísima actriz con quien ya había trabajado en un telefilm que co-dirigí con Ziembrowski. Al mismo tiempo que iba reescribiendo el guion, pensaba en quién podía actuar y cómo hacer para que el personaje, también, se acercara al actor o a la actriz. Esto ocurre de la forma más extrema en el caso de Lola Berthet, la protagonista, porque el guion nunca estuvo escrito pensando en ella ni en nadie de su estilo. En principio, Lola iba a hacer otro papel, pero me gustaba mucho trabajar con ella, ya que realmente es una gran actriz y persona. Y en ese momento yo estaba viendo muchas películas de Bette Davis y ahí me di cuenta de que, claro, Lola es Bette Davis, en cierto aspecto. Inicialmente, estaba buscando algo más neutro, sin embargo al ver esto pensé que había que buscar algo hiperexpresivo. Esta película es un delirio extremo por todos lados. La protagonista está loca, no es una piba buena y ella daba perfecto. Acá, fue la actriz la que me definió el personaje irrumpiendo desde afuera.

–¿Hay algo fundamental a la hora de trabajar con el género del terror?
–En principio hay una dosificación de recursos que tiene que ver con los gustos. Lo que pasa es que no hay, ni debe haber, un criterio uniforme respecto a qué es una buena película de terror. Al margen, yo sé que me gustan mucho las películas de género. La realidad es que cada un Jean-Luc Godard, un Krzysztof Kieslowski o un Andrei Tarkovski, hay trescientos pelotudos que creen que pueden hacer una película porque tiene una cosmovisión maravillosa y terminan haciendo un embole atroz. En este sentido, la honestidad del cine de género es muy respetable y querible.

–¿Con qué se va a encontrar el espectador al ver “La memoria del muerto”?
–Con una montaña rusa donde hay emoción, melodrama, terror, que te va a hacer saltar de la silla, en la que hay una locura visual absoluta. Está hecha para que la gente la pase bien. Cuenta un cuento que tiene el tiempo interno pensado para que pueda involucrar al espectador. En definitiva, van a ir a ver una película.


Por Ronald Portocarrero


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