Un Día Para Sobrevivir

Liam Neeson tiene una segunda carrera como estrella de cine de acción pero no significa que sus papeles sean de segundilla, tal como lo confirma este estimulante estreno.

| 16 junio 2012 12:06 AM | Cine |  6.2k 
Un Día Para Sobrevivir

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CALIFICACIÓN: ***

‘Un Día para Sobrevivir’ es el quinto largometraje hasta la fecha del norteamericano Joe Carnahan, quien saltó a la fama con el policial independiente ‘Narc’ (2002). Otros trabajos suyos son ‘Blood, Guts, Bullets and Octane’ (1998) y ‘Smokin’ Aces’ (2007).
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La última vez que el productor Ridley Scott, el director Joe Carnahan y el actor Liam Neeson se juntaron para hacer una película, el resultado fue ‘Brigada A’ (2010), versión cinematográfica más que aceptable de la antigua serie de TV “Los Magníficos”.

Los avances comerciales hacían presagiar una trepidante historia de acción a raudales, con Liam Neeson haciendo por los lobos lo que hizo por los traficantes sexuales en ‘Búsqueda Implacable’ (2008). Pero desde los primeros minutos de ‘Un Día Para Sobrevivir’ tenemos la sensación de estar viendo algo distinto, nada más y nada menos que una película de arte. Por primera y última vez en el filme, escuchamos la voz en off de John Ottway (Liam Neeson), un hombre que se gana la vida matando lobos en Alaska. Esta secuencia de prólogo es descaradamente poética: el protagonista es un ánima en pena, un suicida que desiste a último minuto de jalar el gatillo, no pasaba nadie por allí, solo estaban él y sus recuerdos, pero algo lo persuadió de seguir viviendo. ¿Cómo superas un inicio como ese? Pues con un horrorífico accidente aéreo, de los más realistas que hemos visto en cine. Hay suficiente drama en los primeros quince minutos de ‘Un Día para Sobrevivir’ como para regresar a casa sintiéndose agradecido por todo. Ottway y un puñado de compañeros –todos son trabajadores de una compañía petrolera- se salvaron milagrosamente de perecer en el avión. Nunca imaginaron es que era solo el inicio de una larga agonía al estar perdidos en algún lugar remoto de Alaska, abandonados a su suerte, desprotegidos del frío, sin nada que llevarse al estómago.

Por si aquello no bastara para echar abajo la moral de cualquiera, también los acechan lobos hambrientos. Si alguna vez tienen la desgracia de encontrarse en una situación similar, estoy seguro que querrán tener a su lado a alguien como John Ottway.

El hombre no será un superhéroe pero proyecta seguridad y liderazgo, puede convencerte de que saldrás vivo del Titanic. Parece mentira que hace poco estuvo a punto de volarse la tapa de los sesos. ¿Pero quién lo nombró el jefe del grupo? Esa es la pregunta que no tan amablemente le estepa su subalterno John Diaz (Frank Grillo), posiblemente porque es estúpido o porque no estuvo presente cuando Ottway asistió a un compañero a morir con dignidad.

La escena citada es una de las más impresionantes del filme por la manera como Ottway maneja la situación: sin medias tintas, mirando a la muerte a los ojos, con todo el respeto que amerita la situación. Más adelante habrá momentos de distensión, para pensar en otra cosa que no sea la muerte, pero es muy difícil distraerse de ella cuando es una eventualidad.

Hay algo profundamente conmovedor en ver a estos cadáveres de licencia sentados alrededor de una fogata, filosofando acerca de Dios, reflexionando sobre los acontecimientos recientes y sobre cómo estos forman parte de un plan universal, “el destino”, como lo llaman algunos. ¿Cinta de aventuras? Depende de la definición que tengas del género porque a diferencia de la notable ‘Camino a la Libertad’ (2010), nuestros personajes están demasiado enfermos y exhaustos como para recorrer grandes extensiones de tierra. En la película de Peter Weir la fragilidad de los cuerpos se suplía con la ilusión de un futuro reconfortante, pero aquí hallamos otra cosa: rebeldía ante la adversidad, ante un clima y una geografía que parece haberse cebado en contra de los humanos. En suma, rebeldía ante la muerte, que es el espíritu del poema que John Ottway tiene grabado en la mente: “Una vez más a la contienda / Al último buen combate que libraré / Vivir y morir este día / Vivir y morir este día”.Por allí alguien menciona a ‘Grizzly Man’ (2005) –“el documental sobre ese marica que ama a los osos”- y esto no parece ser casualidad porque Werner Herzog estaría orgulloso de ‘Un Día para Sobrevivir’, una obra donde la naturaleza y el hombre se mimetizan, se necesitan mutuamente, pero sus gloriosos, trágicos encuentros distan mucho de ser apacibles.


Escribe: Claudio Cordero

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