Un Cuento Chino

Todo comienza en la China, en un paisaje de postal. Vemos un lago, una canoa y una pareja que se adora. Parece que fuera un comercial del Ministerio de Turismo, hasta que una vaca cae del cielo y aterriza justo encima de la chica embelesada de amor.

| 26 noviembre 2011 12:11 AM | Cine | 2.4k Lecturas
Un Cuento Chino

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CALIFICACIÓN: ***

Hasta la fecha, ‘Un Cuento Chino’ es la película argentina más taquillera del 2011, habiendo vendido más de 800,000 entradas. Pero no solo es la preferida del público porque acaba de ganar el premio a la Mejor Película del Festival de Roma.
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El prólogo de ‘Un Cuento Chino’ debe ser uno de los más extraños del año: no se sabe si es una parodia o si la cosa va en serio. Este sentimiento nos acompañará a lo largo de los 93 minutos que dura el filme. Pero primero hay que situar la historia en Buenos Aires, y como eso está al otro lado del mundo para los chinos, la cámara gira 360°, hasta que la ferretería de Roberto (Ricardo Darín) aparezca en la perspectiva correcta. Son toques cinematográficos que motivan a seguir la historia, pese a la poca sutileza que tienen los diálogos. En menos de lo que canta un gallo, un “pelotudo” por aquí y un “boludo” por allá, despejan cualquier atisbo de humor excéntrico y genial. Lo que es innegable es que el cine argentino no contaba desde hace tiempo con una estrella como Ricardo Darín, alguien capaz de abrirle las puertas del mercado internacional a cualquier película donde aparezca. Lo increíble es que Darín viene filmando desde cinco décadas atrás, ¡y podrían ser seis si contáramos sus pinitos como actor infantil!

Luego de haber trabajado con directores como Fabián Bielinsky y Pablo Trapero, el cincuentón Darín –otrora galán de telenovelas- se ha reconvertido en actor todoterreno, logrando transitar, sin aparente esfuerzo del drama a la comedia, alternando roles tan exigentes como los de ‘Carancho’ (2010) con otros que apenas demandan una pequeña cuota de su talento. El Roberto de ‘Un Cuento Chino’ calza perfectamente en esta segunda categoría, en compañía de los personajes creados por Juan José Campanella, director que lo acercó al gran público mejor que ningún otro. Las buenas noticias, para los que no somos incondicionales del tándem Campanella-Darín, es que ‘Un Cuento Chino’ se asume como una obra ligera y sin pretensiones artísticas, lo que ayuda a perdonar sus pasajes menos convincentes, justamente aquellos en los que el director Sebastián Borensztein intenta ponerse por encima del espectador, ya sea insertando a Roberto dentro de las noticias curiosas que recorta de los periódicos –dichas escenas parecen gritar “¡miren, estoy dirigiendo!”- o cuando intenta echarle la culpa a la Guerra de las Malvinas por su personalidad huraña, lo que da pie a un desafortunado flashback.

La relación amical de Roberto con su inesperado huésped chino (caricaturesco Ignacio Huang) solo existe en el papel y eso es algo que muchas comedias americanas jamás se perdonarían. ‘Un Cuento Chino’ es un producto comercial estándar y ligero, pero con un actor notable que marca diferencias e inclina la balanza hacia un resultado agradable.


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