Transformers 3

Se está esparciendo el rumor de que la tercera película de los Transformers –que se estrena este fin de semana en todo el mundo- es la mejor que se haya hecho hasta ahora.

 

Por Diario La Primera | 01 jul 2011 |    
Transformers 3
Con el subtítulo ‘El Lado Oscuro de la Luna’, el tercer capítulo de los populares Transformers llega a los multicines con la consigna de romper récords de taquilla.

Más datos

CALIFICACIÓN **

‘Transformers 3’ ha sido anunciada como la última de la saga producida por Steven Spielberg. Michael Bay no está interesado en volver y optaría por dirigir el policial ‘Pain & Gain’, basado en hechos reales y que sería su obra más pequeña y personal.

¿Por fin llegó el día que los críticos de cine se reconcilien con los autobots? Al menos reconozco que ya no se perfila como favorita para los premios Frambuesa 2012. Pero antes que los fanáticos de la saga canten victoria, hay que precisar que ‘Transformers 3’ es sencillamente la menos deficiente en una serie de atrocidades mastodónticas. Por supuesto que se trata de una producción destinada a arrasar con la taquilla, que no pretende otra cosa que ser un portentoso espectáculo de acción y diversión. Pedirle más a Transformers, sería como pedirle profundidad o sensibilidad artística al Súper Tazón.

Es cierto que los críticos no somos el público objetivo del director Michael Bay, que su estilo híper frenético ha sido aceptado por la gran mayoría de espectadores, que para mucha gente Optimus Prime y Bumblabee son figuras de envergadura casi bíblica. Se respetan todos los gustos y opiniones, pero los que no comprendemos este fenómeno o no le encontramos explicación racional, tenemos motivos para ser tan desconfiados. ‘Transformers 3’ tiene algunos méritos parciales, no es un desastre total, pero es tan abismal la descompensación entre tecnología avanzada y ejercicio de imaginación, que es legítimo preguntarse si este tipo de filmes no matan un poco al cine. Sí, acabo de reconocer que ‘Transformers 3’ supone una ligera mejora con respecto a ‘Transformers’ (2007) y ‘Transformers 2’ (2009), pero no cuenten conmigo para las celebraciones.

Han pasado muchas cosas en la vida de Sam Witwicky (Shia LaBeouf) desde la última vez que ayudó a salvar al mundo. Sam concluyó sus estudios universitarios con más pena que gloria, fue condecorado en la Casa Blanca por el mismísimo Barack Obama pero ahora está desempleado, además fue abandonado por Megan Fox y se consiguió otra novia despampanante (la modelo inglesa Rosie Huntington-Whiteley). Pero quizás el evento más traumático en la existencia de Sam haya sido que su mejor amigo, el autobot Bumblabee, se marchó a trabajar con el gobierno. Mientras tanto, Megatron ha logrado reponerse y alista un plan para apoderarse de la Tierra. El ataque es inminente.

‘Transformers 3’ se inicia con un largo prólogo sobre la llegada del Apolo 11 a la Luna. Esta secuencia es la más ingeniosa en las dos horas y media de proyección, ya que se atreve a reescribir la Historia con mayúsculas: la carrera espacial tuvo como motivación secreta recoger muestras de un accidente extraterrestre ocurrido sobre la superficie lunar. JFK y Nixon aparecen en imágenes de archivo y por un minuto parece que Oliver Stone ha tomado el control de la franquicia. Tras un arranque solemne, llega el turno de la comedia. No exageramos: hasta el actor Ken Jeong (Mr. Chow de ‘¿Qué Pasó Ayer?’) se suma al desmadre. Los laureados John Malkovich, John Turturro y Frances McDormand aparecen como secundarios y no se toman en serio ni a ellos mismos. Shia LaBeouf hace su mejor imitación de nerd que teme perder a su chica en manos de un playboy (Patrick Dempsey). El sentido del humor de Michael Bay es tan sofisticado como el de un comercial de cerveza, y las feministas tomarán nota que la suplente de Megan Fox aparece por primera vez en escena…con la cámara a la altura de su trasero. Todavía es un insulto a la inteligencia, pero al menos entretiene y provoca la risa loca.

No solo el humor auto paródico aparece solidificado en ‘Transformers 3’. El guión tiene ahora un poco más de lógica, las escenas de batalla han sido expandidas. Pero debe haber un problema de fondo para que a pesar de estas novedades, a pesar del sudor y los dólares derrochados, uno abandone la sala con la misma sensación de vacío. Está mejor hecha, pero igual no te deja nada. Te puedes reír con ella pero en el fondo no te importa. La incógnita es si este es el techo de Michael Bay, un cineasta con vocación de cirquero que confunde ligereza con bobería, emoción con saturación, escapismo con frivolidad. Un desperdicio épico.


Claudio Cordero
Referencia
Transformers 3

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