Sin Límite

A veces ir al cine, sin saber absolutamente nada sobre la película que te espera, puede ser el escenario perfecto para amplificar tu experiencia como espectador.

Por Diario La Primera | 08 jul 2011 |    
Sin Límite
Basada en la novela ‘The Dark Fields’, de Leslie Dixon –escritora y guionista del filme- ‘Sin Límite’ es uno de los éxitos comerciales más inesperados del 2011.

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CALIFICACIÓN: ***

El veterano Robert De Niro aparece en ‘Sin Límite’ como secundario de lujo. Pronto lo veremos en ‘The Killer Elite’ al lado de Jason Statham. También aparece la actriz australiana Abbie Cornish, a quien vimos recientemente en ‘Mundo Surreal’.

Fui a ver ‘Sin Límite’ esperando encontrarme con una historia de estafadores bacanes, vestidos en Armani y de permanente sonrisa dentrífica. El prólogo no hizo más que confirmar mis sospechas. Divisamos a Bradley Cooper -famoso gracias a su papel en ‘¿Qué Pasó Ayer?’ (2009)- con su habituales aires de autosuficiencia, pese a que está parado en la cumbre de un rascacielos y mirando al vacío. Su voz en off nos informa de que está acorralado, de que nada de lo que está pasando hubiera sido imaginable algunos meses atrás. No estoy seguro si realmente quiero saber cómo llegó hasta allí, pero comprendo que la historia debe empezar en ese preciso momento, retrocediendo en el tiempo. Admiro la secuencia de los créditos de presentación (el ojo de la cámara se adentra en Nueva York, “sin límite” de profundidad) y espero pacientemente alguna sorpresa del director Neil Burger, es el mismo que hizo ‘El Ilusionista’ (2006), así que debe tener algunos trucos bajo la manga. Entonces llega el batacazo: ‘Sin Límite’ es un relato fantástico, casi de ciencia ficción, que no hubiera desentonado en ‘La Dimensión Desconocida’.

Un perdedor de apariencia ridícula tropieza un día con una pastilla que le permite acceder al 100% de su cerebro (según un falso mito, los humanos solo usamos el 20% de nuestro órgano más importante). Imagínense las posibilidades…son infinitas. De ser un escritor incapaz de escribir una hoja, nuestro infeliz héroe se convierte de la noche a la mañana en un wonder boy, en un superhombre capaz de hacer cualquier cosa que se proponga. Burger encuentra un equivalente visual para ese “despertar” a una consciencia superior, donde todo es más claro, más nítido, más aprehensible para los sentidos. El espectador es fácilmente persuadido de que ese estado mental es un nirvana que cualquier mortal desearía habitar cada día de su existencia. Es divertido acompañar al inesperadamente ambicioso Bradley Cooper en este viaje hacia la conquista del mundo. Somos testigos de su insaciable apetito de poder, pero también asusta un poco porque sospechamos que tarde o temprano habrá que pagar un precio por ello.

Hasta aquí todo suena perfecto. ¿Entonces porqué ‘Sin Límite’ apenas supera la calificación de “pasable”? Es que aún no ha transcurrido más de media hora y todo lo demás es una cuesta abajo. La tensión se diluye en una intriga criminal del montón (Bradley Cooper es sospechoso de un asesinato), y en una fábula amoral sin costos ni sacrificios que lamentar. Ayuda mucho el humor, aunque esa pelea inspirada en Bruce Lee roza el ridículo. Por último anotar que la píldora NZT –aquella que te permite rendir al máximo de tus capacidades y alucinar que eres el rey del mundo- debe recibir la mejor publicidad para un producto inexistente, desplazando incluso a los skates voladores de ‘Volver al Futuro II’. Lo que no deja de ser una ironía si consideramos que, a fin de cuentas, el NZT es una droga tan adictiva como la cocaína. Felizmente la vida no imita al cine.


Claudio Cordero

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