Raúl Ruiz muere a los 70 años

Lo conocí en Lima en 1973, camino al exilio luego del golpe de Pinochet. Traía bajo el brazo su primer largometraje “Tres Tristes tigres”, que fue exhibido en el cine club del Ministerio de Trabajo donde dialogó con el público. Tenía la cabellera oscura y alborotada a pesar de su hablar pausado y lejano. Desde aquel entonces, su carrera cinematográfica despegó como un rayo en el lejano París hasta convertirse en un cineasta de culto con más de un centenar de películas en su filmografía. Su productor contaba que ni él mismo sabía cuántas películas había realizado.

| 27 agosto 2011 12:08 AM | Cine | 1.4k Lecturas
Raúl Ruiz muere a los 70 años
Raúl Ruiz.
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Raúl Ruiz perteneció a una generación de cineastas chilenos comprometidos con la Unidad Popular de Savador Allende como Miguel Littín y Elvio Soto. Todos ellos tuvieron la necesidad de recurrir al exilio para salvar la vida de la terrible dictadura que estableció Augusro Pinochet.

La noticia de su muerte, ocurrida el viernes 19 de agosto, dejó una profunda pena entre sus amigos. Raúl Ruiz murió al pie de la cámara, ya que su último trabajo, La noche de enfrente, se encontraba en la fase de montaje.

Un cáncer hepático le pasó la factura. “El estuvo siempre luchando, y estuvo filmando hasta ahora que estaba haciendo su última película”, recordó Miguel Littín al recibir los restos del cineasta en el aeropuerto.

“La última voluntad de Raúl fue ser enterrado en Chile”, agregó Andrés Claro, amigo del cineasta. “Incluso el lugar el mismo lo vio cuando estuvo acá”. Por su parte Christián Aspee, productor ejecutivo de las últimas cintas de Ruiz, dijo que su más reciente trabajo, La noche de enfrente, está terminada y sólo se espera hacer las copias a 35mm., a fines de septiembre. “El dejó todo preparado. Se preocupó de trabajar y no hablamos mucho de su enfermedad. Estuvo lúcido hasta el final, como siempre”.

La llegada del aeropuerto, se produjo acompañado por su viuda Valeria Sarmiento, amigos que vinieron de París como Waldo Rojas y Andrés Claro, y a los que se sumaron personas que fueron a recibirlo al terminal aéreo, como Miguel Littin. También estuvieron presentes cineastas como Silvio Caiozzi, Pablo Perelman, Cristián Sánchez, Carlos Flores, Andrés Word, además de históricos del cine chileno como Pedro Chaskel y José Román.

Por tratarse de un hecho relevante para el cine latinoamericano, reproducimos una entrevista realizada el 26 de agosto del 2002 por el realizador Carlos Flores y la periodista Antonella Estévez en Sala Master de Radio Universidad de Chile.

Hay pocos recursos y una gran cantidad de gente que quiere hacer películas. Hablemos de los fondos concursables y la forma en que se reparten.

-Lo primero que se me viene a la cabeza es nuestra época, en los años 60, cuando los medios no sólo eran precarios, sino que no había. Para hacer películas uno tenía que sablear a los amigos o chantajear a los padres o a los tíos. Y salieron unos largometrajes de eso. Hubo un solo elemento que determinó esta especie de euforia que duró unos cinco o seis años, entre el 65 y el 70, porque después todo cambió. Y era, simplemente, una ley en que se devolvían todos los impuestos de las entradas al cine. Se devolvían automáticamente al productor o avisador. Si la película vendía un poco más de 50 mil entradas, tenía la posibilidad de recuperar lo que se había gastado.

-Era una buena idea…

-Sí, y funcionó bien un tiempo. Bueno, después vinieron lo años de Allende, en que se trató de hacer funcionar un sistema más parecido al de hoy, con subvenciones, con ayuda del Estado y participación directa del Estado en la producción de películas. Con la diferencia de que había mucho más voluntad de hacer cine militante de parte de los cineastas y de parte del Estado

Todo se empezó a despertar de muchas maneras a finales de los años 80, por razones muy extrañas. Porque el cine desapareció, pero apareció mucho video. Y video muy interesante, directamente experimental, que presuponía un conocimiento que la mayoría de la gente no tenía, un conocimiento de las artes plásticas contemporáneas, y era, por lo tanto, muy encerrado, muy elitista. Vi muchos muy interesantes.

Bueno, después se murió la vanguardia. Se cayó la Unión Soviética y, detrás de eso, vino la convicción de que el cine de invención, experimental, no tenía razón de ser. Todas las vanguardias del mundo se vinieron abajo. A partir de eso aparece en Chile -lo vi a fines de los años 80 y principios de los 90-, lo que se puede llamar la generación de los cínicos exitistas, jóvenes que tienen 35 años. Ése el cine que se ve hoy. Cínico, porque es un cine que busca prioritariamente el éxito y el máximo de público, contra lo cual yo no puedo estar, tampoco. Exitista, porque busca abiertamente triunfar en un lugar preciso del mundo, que es Estados Unidos y no en Taiwán o Kuala Lumpur.


Ronald Portocarrero


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