Natalie Wood, La estrella que se perdió en el mar

Surgen dudas, se revisan protocolos, se aventuran sospechas de un asesinato a mucho años de su muerte. Se especula que Natalie Wood no murió ahogada sino echada al mar. Muchos jóvenes actuales no recuerdan quién fue este sex symbol de los años sesenta.

| 14 julio 2012 12:07 AM | Cine | 2.6k Lecturas
Natalie Wood, La estrella que se perdió en el mar
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NOTA DE PRENSA 10 DE JULIO DE 2012 • 17:26

Marti Rulli, coautora de “Goodbye Natalie Goodbye Splendour”, dijo a AFP que cree que los forenses cambiaron recientemente el certificado de defunción de Natalie Wood debido a que los numerosos moretones que tenía la actriz no son consistentes con la teoría de que murió ahogada al caer de un yate.

La usualmente muy bien informada página web del espectáculo TMZ publicó que la causa de la muerte de Wood pasó de ser “accidental” a “desconocida”, citando a un funcionario de la oficina forense de Los Ángeles que pidió el anonimato.
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Revisemos su trayectoria. A los siete años trabajó con Orson Welles en “Mañana es vivir”. En 1947 interpreta a una niña que conoce y hace amistad con el mismísimo Santa Claus en “Milagro en la calle 34”. A partir de esta película, su ascenso en el camino de la fama se hizo constante y su belleza suave y tierna se transforma en la perturbadora sensualidad de una mujer hermosa.

Todas las mujeres cambian en la medida que su propia experiencia les va dejando las huellas de lo vivido. Se transforman en deslumbrantes mariposas o en orugas, con el mismo rostro infantil con que nacieron. Engordan o mantienen su figura de niña. La mirada les brilla o se les opaca. La felicidad o la tristeza se acumulan. La risa es franca o fingida. Pienso en el sufrimiento de Judy Garland cuando pasa de la infancia a la adolescencia y el estudio le ordena usar fajas y sostenes especiales para ocultar el crecimiento de su cintura o sus senos.

Pero en el caso de Natalie, la transformación fue deslumbrante. El rol que marcaría su transformación fue el que interpretó en “Rebelde sin causa” (Nicholas Ray, 1955), junto con el mítico James Dean. Fue nominada al Oscar por este trabajo. Era ya toda una estrella. Sin embargo, pese a su talento y la inclusión en el reparto de películas como “Centauros del Desierto” junto con John Wayne, su carrera parecía sumida en la rutina. Tendría que esperar hasta 1961, año en que su madurez artística le depararía dos triunfos notables, tanto en la respuesta de la crítica como del público. “West Side History” de Robert Wisse y Jerome Robins y “Esplendor en la hierba” dirigida por Elia Kazan, fueron las películas con las que Natalie cerraría una época: la de los estudios y los largos contratos con las estrellas.

En “West Side History” (“Amor sin barreras”, 1961), el personaje de Natalie era el de una muchacha portorriqueña recién llegada y que se establece en los suburbios de Nueva York, en el centro de una guerra de pandillas marcada por la intolerancia xenofóbica. María se enamora de Tony un joven neoyorquino, líder de una de las pandillas, generándose el conflicto entre los grupos. La película inspirada en Romeo y Julieta, fue la última producción gigante en el género de la comedia musical. Toda la historia del género está dividida por este filme. Antes y después de “Amor sin barreras”. Los jóvenes de los años sesenta vieron en esta película el emblema de sus cuitas de amor y en Natalie el rostro de la muchacha a la que había que amar por sobre todas las pasiones, carnales o no.

Cuarentaisiete años después, la película hace reír a los jóvenes de hoy. No sólo por el carácter supuestamente “arcaico” del género, que les perturba la lectura. No entienden por qué se tiene que cantar justo en el momento de mayor tensión emotiva, en el instante de un “plot” diría Doc Comparato, el guionista brasileño de los melodramas televisivos. Los jóvenes de hoy no conectan con los códigos del género. No aceptarían “Los paraguas de Cherburgo” de Demy, por ejemplo.

Tenía 5 años cuando empezó su carrera de niña prodigio y tenía 43 años cuando abandonó el yate “Splendor”, en plena travesía. Tenía miedo de morir ahogada y murió ahogada el 29 de noviembre de 1981.

Desde entonces, Natalie, te extraño tanto como el vuelo de una luciérnaga en la noche más oscura y para contemplarte siempre, veo “Amor sin barreras” inexorablemente año tras año. El mar no me ha quitado tu sonrisa de niña ni tu mirada de mujer en la puerta del amor.


Escribe Ronald Portocarrero


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