Miguel Littin y los alquimistas

En 1972, el Instituto Cubano de cine (ICAIC), a través de Santiago Álvarez me invitó a conocer la pujante y intensa experiencia del propio cine cubano y también lo mejor del cine latinoamericano. Así pude ver el segundo largometraje que acababa de realizar Miguel Littín en Chile “La tierra prometida”, un delirante film sobre la experiencia socialista de Marmanduke Grove en los años 30. La película fue coproducida por el ICAIC que empezaba la tarea de apoyar al cine independiente latinoamericano.

| 08 octubre 2011 12:10 AM | Cine | 1.5k Lecturas
Miguel Littin y los alquimistas

Más datos

FILMOGRAFÍA DE MIGUEL LITTIN

• Por la tierra ajena, 1965
• El Chacal de Nahueltoro, 1969
• La tierra prometida, 1971
• Compañero presidente, 1971
• Crónica de Tlacotalpan, 1976
• Actas de Marusia, 1976
• El recurso del método, 1978
• La Viuda de Montiel, 1979
• Acuacultura - Granjas de agua, 1980
• Alsino y el cóndor, 1982
• Acta General de Chile, 1986
• Sandino, 1990
• Los náufragos, 1994
• Aventureros del fin del mundo, 1998
• Tierra del fuego, 2000
• Crónicas palestinas, 2001
• El abanderado, 2002
• La última luna, 2005
• Dawson Isla 10, 2009
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Littin es uno de los cineastas emblemáticos del cine latinoamericano a partir de su primera película en blanco y negro “ El chacal de Nahueltoro” (1968). Algunas de las películas de Littin son “Actas de Marusia” (México, 1975), “El recurso del método” (Cuba - México - Francia, 1978), “La viuda de Montiel” (Chile - Cuba - México - Venezuela - Colombia, 1980), “Sandino” (España - Nicaragua, 1989), “Los Náufragos” (Chile - Francia - Canada, 1994) y “Tierra de fuego” (Chile - España, 1999), entre otras.

Sobre “Tierra de fuego”, el periodista español Armando Tejeda lo entrevistó y por tratarse de un testimonio vigente del pensamiento de Littin, reproducimos algunos fragmentos de aquella conversación.

--Su película, Tierra de fuego (1999) ahonda en uno de los fenómenos más complejos y reiterativos de este fin de milenio: las migraciones. Las migraciones miserables.

---Tierra de Fuego es una película de aventura y de inocencia: habla del destino humano cuando se vive en las condiciones más extremas. Es una película un tanto diferente pues habla de aventureros que vienen de muchas partes del mundo (Polonia, Alemania, los países de Centro Europa). Habla de un modo u otro lo que fue esa poderosa emigración humana de principios de siglo.

--Usted de alguna manera proviene precisamente de esas migraciones.

--Sí, pues tengo un abuelo griego y un abuelo árabe, que emigraron a principios de siglo hacia América, y llegaron hasta Chile. Soy exiliado de varias generaciones, y los exilios siempre van desarrollándose de una u otra forma. Cada experiencia humana te conduce a una nueva cercanía y luego te obliga a alejarte nuevamente.

Yo viví 11 años en México, uno de los momentos más importantes de mi vida. Yo lo recuerdo como la época en la que un joven se convirtió en adulto. Siempre -mi familia y yo, incluso ahora que vivimos en Chile- nos sentimos exiliados de México. Las patrias de uno se hacen en relación a los afectos, a los amigos, a los lugares donde uno logra nuevamente colocar la cámara en el trípode y comienza a filmar.

Yo siempre pienso que México es mi otra patria. No es mi segunda patria, sino mi otra patria. Yo me siento latinoamericano, en cuanto y tanto me siento mexicano. Creo que México es la puerta que se me abrió para que yo entendiera cual era la esencia del ser americano.

---¿Cuál es esa esencia?

---Es una esencia muy difícil de describir, pero somos la suma de todas las influencias culturales del mundo, de todos los sincretismos culturales y religiosos que se amalgaman de una manera distinta, diversa, y surgen como una nueva fuerza y con unas nuevas propuestas tanto en el cine, la literatura, la poesía, la pintura. Eso se refleja, por ejemplo, en los genios de Rivera, Siqueiros, Wifredo Lamm, de Matta, de Orozco. En el cine está Ripstein, Cazals, el “Indio” Fernández. También Buñuel y Einsenstein, que tuvieron su etapa de cine mexicano.

Todo lo que llega a América se transforma porque es un continente de alquimistas. La misma poesía de Neruda cuando escribe el Canto General crece a nivel continental; ya no es la poesía chilena provinciana sino que es la gran poesía americana.

Cuando yo llegué a México había un ambiente de gran efervescencia cultural y artística. También de gran solidaridad con Chile y con los demócratas perseguidos, por tanto nuestra casa se llenó de amigos, y eso para nosotros fue entrañable pues no sólo tuvimos la oportunidad de trabajar y seguir estudiando sino también la posibilidad de volver a amar. También recuerdo las grandes discusiones entre los intelectuales mexicanos. Discusiones duras pero llenas de contenido, pues querían llegar a establecer determinada verdad esencial para la construcción del futuro de la América Latina. Creo que mucho de lo que está ocurriendo hoy en América Latina se fraguó en esos años, en las discusiones de intelectuales, políticos, poetas, escritores y cineastas en México.


Ronald Portocarrero
Redacción


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