Miguel Gomes y la estética del cine mudo

Durante la proyección la mayoría de los espectadores se rieron mucho, a pesar de que el filme toca el tema de la soledad durante la vejez, la nostalgia por la juventud y el amor perdido.

| 28 abril 2012 12:04 AM | Cine | 1.1k Lecturas
Miguel Gomes y la estética del cine mudo 1168

Miguel Gomes es un cineasta portugués que ha tomado notoriedad por su participación en el Festival de cine de Berlín con su película “Tabú” que es su segundo largometraje.

Reproducimos aquí la entrevista de Victoria Reale realizada en Buenos Aires

-La historia de Tabú está basada en la memoria de los personajes. ¿Por qué decidió contar una historia centrada en un tiempo pasado y un mundo perdido?
-Es muy difícil para mí explicar por qué tomé ciertas decisiones, ya que trabajo de manera intuitiva. Siempre me interesó la memoria como tema, y creo que el cine puede invocar y rescatar la memoria de las cosas porque está habitado por fantasmas. Se puede acceder a la memoria del mundo a través del cine.

-¿Qué lo llevó a centrar la historia en el África colonial?
-Decidí empezar la película presentando a la protagonista en su vejez, llevando una vida muy normal en la ciudad de Lisboa. Y a partir de su muerte, su antiguo amante recuerda cómo eran sus vidas en la última colonia que tuvo Portugal en África. Quería que la primera parte de la película contrastara mucho con la segunda. Además, África tiene toda un aura de exotismo y aventura, por eso llamo a esa parte “Paraíso”. Creo que el único paraíso posible es la memoria. Porque para Aurora y su amante aquel fue su mejor momento, pero para todos los nativos que vivían bajo la colonia creo que era un infierno.

-Portugal fue el último país en mantener sus colonias en el continente africano. ¿Era un paraíso ficticio?
-Las dos historias están conectadas, ya que el hecho de que Portugal intentara mantener sus colonias en un continente prácticamente emancipado, era tan disfuncional como llevar adelante una relación con un amante mientras estás embarazada de su marido. En algún momento esa irrealidad en la que se vive te explota en la cara.



-¿Por qué eligió trabajar con elementos del cine mudo?
-En la segunda parte de la película decidí utilizar la estética del cine mudo y algunos elementos del cine clásico estadounidense, como un intento de diálogo entre estos tipos de cines ya extintos y los mundos coloniales que ya no existen.

-¿Cómo fue trabajar con los actores con este tipo de lenguaje cinematográfico?
-Fue muy especial porque no sólo tenían que actuar sin diálogos, sino que tampoco podían seguir un guión. Durante la filmación formé un equipo junto a tres personas que integraban el rodaje y lo llamé el comité central. Este grupo inventaba todas las escenas que se filmaban ese día. Los actores sólo sabían las generalidades de la historia, pero debían improvisar en cada escena. A la actriz que representa el rol de Aurora joven, sólo le pedí que lea Las verdes colinas de África, de Hemingway, porque quería que se empapara de la mitología del África de esos tiempos. Pero nunca ensayamos antes de empezar a filmar.

-Durante la proyección la mayoría de los espectadores se rieron mucho, a pesar de que el filme toca el tema de la soledad durante la vejez, la nostalgia por la juventud y el amor perdido.
-Tengo una mirada con mucho humor sobre el mundo y la gente, pero al mismo tiempo mucho cariño por mis personajes. Aunque a veces mis protagonistas hacen cosas un poco tontas, nunca dejo de tratarlas con dignidad. Creo que Pilar, la vecina, es demasiado católica, pero me conmueve su inocencia. En Aurora me emociona su intento por manipular a los que la rodean y de Santa, la mucama, me conmueve su silencio. El cine que me interesa es el que trabaja con los contrastes, las emociones y las ironías.


Ronald Portocarrero


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